martes, 21 de febrero de 2012

Mamá, no quiero salir en la tele


“Mi hija sale en la tele”, qué orgullosas esas madres que pregonaban a los 4 vientos hace años cuando sus hij@s salían en la tele, aunque solo fuese para presentar los informativos de su pueblo. Salir en la tele era un hecho, cuanto menos, novedoso, era de gente importante.

A mí, desde pequeña, me han gustado más los micros que a un tonto una gorra de cuadros. De hecho, ya os he contado que en un estado de enajenación mental me dio por matricularme en periodismo para ser presentadora: “Mamá, quiero salir en la tele”

Qué frase esa… a las madres les debe sonar mejor si les dices que te vas a prostituir o que vas a cruzar el charco y hacerte narcotraficante, y es que es poner la tele y decir: “vuelven a poner Waku Waku??”, por la fauna, digo.

“Te acompaño en el sentimiento”, habría que decirle a esas madres, que cambian el “Mi hija sale en la tele” por “no, no, si yo a esa ni la conozco! Mi hija vende coca en las Barranqillas”, porque ojo la que lio Orwell con darle una idea a Telecirco…

Desde que emitieron el primer Gran Hermano en España, abriendo la veda a la emisión de realities, es rara la persona que no haya pasado ya por la tele. De hecho, yo creo que se les han acabado las personas y van tirando de sucedáneos, lo que explicaría el comportamiento de algunos especímenes que van apareciendo.

Cómo se llenaban la boca diciendo que Gran Hermano era un "experimento sociológico" (si juntamos a toda la directiva de Telecirco, los concursantes de Mujeres y Hombres y Viceversa y a los de Granjero Busca Esposa, entre todos no sacan el significado de esa expresión: “experimento sociológico”). El caso, que con el paso de los años se van llenando la boca, a secas.

Desde aquí pido, por favor, que si de verdad esto es un experimento, de lo que sea, que dejen de mezclar cosas raras, que lo próximo que les sale son zombies (y me juego lo que sea a que les meterían en el próximo Gran Hermano).

Pero Gran Hermano no está solo, Gran Hermano tiene una familia numerosa a la que pertenecen programas como Operación Triunfo, Supervivientes, Granjero Busca Esposa, Confianza Ciega, El Bus, y un larguísimo etcétera que MTV va alimentando cada vez más.

Como si no tuviese uno problemas en su casa, que también hay que aguantar a quinceañeras que han sido madres, niñatos caprichosos llorando como el OpenCor (24 horas), Jonathans y Jenifers que tienen acojonaos a los padres y son los reyes de la casa, perros asalvajados, paletos que no se dan cuenta que las tierras que poseen pueden ser uno de los motivos por los que una rubia despampanante quiere ligar con él, o juicios ficticios. Y es que sí, de todo esto hay programas, y la gente se lo traga todo (sí, como los de MHYV).

Al principio del texto hablaba de las pobres madres, pero es que algunas no son tan pobrecitas… algunas son las liantas que, viendo que les quedan pocos años de vida y las posibilidades de salir en la tele son menores, aprovechan la excusa de los hijos para tener su momento de gloria (o eso, o bien, cuando matan a alguien, salir al portal a decir que el asesino “era muy educado y siempre decía hola”). El caso, madre dominanta, hijo de bajo consumo (vamos, con pocas luces) y productora de televisión frotándose las manos con el juego que van a dar. De esta mezcla explosiva salen programas como ¿Quién quiere casarse con mi hijo? (pues señora, después de esto, NADIE) o Parental Control, de la MTV.

Y es que hasta los realities que parecen más serios tienen su miga, y si no, mirad Pekín Express, que parece hasta cultural, hasta que les da por meter a un tío que se ha cargado a su familia.

Sumado a los realities, están los programas tipo Callejeros o Fiesta Fiesta, en los que haber estado en una fiesta donde había “merengue”, querer meter a la "Sole con el mechero", decir "Pim Pam toma Lacasitos" o "liarla parda", te sirven para convertirse en una “Estrella” (o para estrellarte…). Con la gente que sale en estos programas, lo de traficar con droga, que decía al principio, se perfila como negocio redondo.

En fin, que viendo todo este percal, casi que al final se está mejor en el anonimato… además, dentro de unos años en vez de ir por la calle y decir “Mira! Un famoso!” la gente te señalará y dirá “Mira! Un desconocido!!”.

Contar todo esto para excusarme de lo de seguir con la carrera y tal a lo mejor no es muy convincente, pero lo que sí le puedo decir desde aquí a mis padres es que “Ya no quiero salir en la tele”.

domingo, 5 de febrero de 2012

No quiero príncipes, quiero unos Manolo Blahnik

Hoy, en honor al nombre del blog, voy a hablaros de las diferentes versiones del cuento de la Cenicienta que se han escrito a lo largo de la historia.

Y es que no es oro todo lo que reluce, y aunque Disney consiga vendérnoslo todo tan bonito (Disney es como las madres, para las que todos los chicos jóvenes en edad casadera que quieren encasquetarte son “altos y guapos”), no todo es así.





La historia de Disney se asemeja a la contada por Perrault, en la que al final todos acaban contentos, las hermanas feas se casan con dos colegas del príncipe, bueno, lo que viene siendo apalabrado como los gitanos…

Pero según los Hermanos Grimm, en su colección de cuentos de hadas, hubo sangre en esta historia…

Al parecer, cuando el príncipe fue a casa de Cenicienta a ver de quién era el zapato y salieron las dos hermanastras, la primera se cortó los dedos para que le entrase el zapato, la otra, el talón. A todo esto, una rata voladora (ups, quería decir una paloma) era la que le iba diciendo al príncipe que buscase la sangre en los zapatos. El caso, que cuando dio con la dueña, se fue con ella para casarse y esas cosas “bonitas” y a las otras dos, unas palomas les picaron los ojos y se quedaron ciegas. Muy agradable, como veis.

Más sangre aún en la Cenicienta china, Yeh Shen.

Si la historia de los Hermanos Grimm era estremecedora, al loro con esta: fetichismo, poligamia, explotación, mutilaciones, canibalismo, lapidaciones,…

El padre chinito de Cenicienta estaba casado con varias mujeres. Una se murió y, es lo que tienen estas cosas, tenía otras de repuesto, asique la típica historia de la hija adoptiva a la que la madrastra la tiene puteada…

A esta Cenicienta le hacían llevar unos zapatos muy pequeños para torturarla mientras hacía las tareas del hogar (elemento fetichista para los orientales, los piececitos, que digo yo, que aquí no solemos tener ese fetiche, pero cuando ves unos zapatos en Zara que no queda tu número te plantas uno menos con la misma alegría que si tuvieses ese fetiche).

El caso, que la chica tenía un pez que hablaba con ella y le condecía todo lo que pedía (sí, parece ser que se me ha olvidado comentar que también había drogas en la historia), y la madrastra decidió matarlo y ponérselo para comer a la chiquilla (yo no sé si esto fue por fastidiar, o si es que en épocas de crisis todo vale).

En fin, que pasa todo esto, pasa lo de la fiesta, se pierde el zapato, el otro que viene a traerlo a casa, una de las hermanas que aquí también se mutila los dedos, etcétera etcétera. Y este final ya es de traca, aquí la madrastra y las hermanas malas son encerradas en una cueva y acaban muriendo por una lluvia de piedras. No se especifica si casual o intencionada, que ya me imagino yo a Cenicienta desde arriba un poco a lo Pepe, dando pataditas sin querer a las piedras para que vayan cayendo a la cueva.

En Italia, la Cenicienta es una caprichosa de mucho cuidado y, en vez de hacernos ver que para conseguir las cosas hay que ser buenas, es un poco más realista y consigue lo que quiera siendo una hija de… de madre muerta, claro, que por eso tiene madrastra.

En este caso, la Cenerentola le parte el cuello a la pobre señora (que estaba en trámites de llamar al programa “Hermano Mayor” o “SuperNanny”) y al final consigue lo que quiere.

De todos modos, resulta que la señora no era tan pobre señora, porque maltrataba a Cenicienta, lo que pasa que a esta se le hincharon las narices y decapita a la mujer con una tapa de un baúl.

Como cómplice, la nodriza. Una señora que le decía a Cenicienta: “tú mata a la mala pécora esta y, como tu padre te tiene muy mimada y va a hacer lo que le pidas, le dices luego que se case conmigo, que total, a mí ya me conoces y soy muy buena”.´ Error, ésta y las 6 hermanastras que trajo al mundo, resultaron ser aún peores.

Asique lo de siempre, explotación, extorsión, vámonos de fiesta, me pillo un pedo que pierdo el zapato y ni me entero, me viene un tío a buscar a casa para traérmelo y al final me caso con él y me hago reina.

La Cenicienta egipcia era un poco fresca, también más realista.

Rodophis, como se llama allí, era un pivón en la época y tenía a todos los egipcios locos (por ella, en este caso). De hecho, los amantes que tenía le costeaban el alquiler de la pirámide donde vivía.

Cuando era pequeña, la vendieron a unos señores, y las otras esclavas, como pasa en los pueblos con las guapas, estaban que rabiaban de envidia y le hacían la vida imposible. Como no tenía amigas, sus amigos eran los animalillos del bosque (esto aparece muy bonito en los cuentos, pero es una estampa cuanto menos inquietante, antecesora de lo que hoy viene siendo el bulling y el autismo…).

Aquí la Cenicienta no se fue de fiesta, porque no veo yo a las esclavas en el Antiguo Egipto yendo de sarao, asique, para que el cuento cuadrase, se inventaron que un halcón le robó la sandalia y fue a parar al palacio de un faraón y bueno, lo que ya os sabéis…

Más historias escabrosas (parezco TeleCirco) en la Cenicienta hindú. Hanchi, que así se llamaba ésta, tiene que huir de su casa porque el hermano se la quiere beneficiar.

La madre, también en cola para ser atendida por “Hermano Mayor”, le dice a Hanchi que se vaya de casa y que se ponga una careta de arcilla y así nadie sentirá deseo por ella nuca más. Las palabras de la madre para echar a la hija de casa no tienen precio: “eres tan guapa que no puedes vivir aquí y estar segura, vete, tápate la cara de por vida, y verás que feliz vives”. Cuánta mala leche acumulada, señora… Si el problemático es el hijo, haberle echado a él, y, para colmo, ya que la que abandona la casa es la hija, déjela que esté con quien quiera… También se puede interpretar como una metáfora de: "hija, usa protección" así a nivel de todos los hombres en general.

En fin, que se va con su mascarita a currar en casa del Rey y, un día que se estaba bañando sin la máscara (como cuando yo me quito las pulseras para ducharme) entró el hijo del Rey, vio lo guapa que era y lo típico, bodorrio al canto. Esta versión no tiene ni hermanastras ni zapatos, de hecho, no tiene ningún tipo de ropa cuando el principito se encuentra con la joven, pero bueno, por ahí consta como versión de la Cenicienta.

En Escocia, Rushen Coatie, como se llamaba la Cenicienta, pasaba más hambre que los perros de un ciego.

La madrastra y las hermanastras no le daban de comer (tontas de ellas, que no se daban cuenta de lo delgada y divina que iba a estar la muchacha para el verano). Entonces, la madre que estaba muerta, venía reencarnada en ternero rojo para darle de comer. La nueva novia del padre se entera y mata al ternero, que, al igual que con el pez de la china, no sé yo si era por necesidad o por hacer daño… Yo creo que lo segundo, porque claro, no le das de comer nunca a la pobre chica y hoy le pones un ternero para ella solita.

Sea como sea, ella piensa: “el muerto al hoyo y el vivo al bollo” y se come a la madre ahí en su punto y se queda con un hueso para seguir explotando los poderes de la muerta. Con el hueso, consigue toda la parafernalia para irse de festejos, pierde el zapato, príncipe que va a casa a buscar a la dueña, madrastra que le hace un apaño a la hija mayor cortándole los dedos y el talón,… resultado, Rushen Coatie se convierte en reina.

En Rusia también hay una Cenicienta: Vasilissa.

Aquí, por si los malos tratos de la madrastra no fueran pocos, le añaden una bruja caníbal que, expresión literal, “se comía a los hombres como si fuesen pollos”.

Las hermanastras, en un alarde de lucidez, decidieron mandar a la chica a la cabaña de la bruja esta para pedirle fuego (bueno, dice “algo con lo que alumbrar”, pero fijo que estaban fumando y querían un mechero) a ver si se la comía. Entonces llegó hasta allí, a una casa hecha con restos humanos, y para desgracia de la chica, no fue devorada (y digo desgracia porque para mí lo sería… me explico, yo, en los sueños, cuando me persiguen zombies o cuando me pasa algo malo, me dejo morir, porque así sé que se acaba el sueño y no gasto energías luchando para acabar muriendo igualmente, entonces si yo llego y veo ese percal y no me devoran, lo paso mal).

Lo que decía, no fue devorada porque la bruja se aburría y decidió plantearle unas pruebas por las que, si superaba, le daría el mechero, y en caso de no pasarles, se la comía. Como Cenicienta tenía una muñeca que le ayudaba en todo, consiguió salvarse y volvió a casa. Las otras 2 fliparon al ver que venía (no sé si de disgusto o de emoción porque les traía el fuego…).

Total, que con lo que venía alumbrando era con una calavera de fuego con la que acabaron quemándose la madre y las dos hijas malas. Vasilissa, por buena, se acabó casando con un zar.

Como veis, muchas versiones y mucha sangre… eso sí, con final bonito, eh! O eso se lo creen ellos, vamos, porque si bonito es acabar casado con un príncipe… Que eso también se consigue ahora estudiando periodismo y no hace falta ir perdiendo zapatos, y si no, que nos lo digan a Doña Letizia y a mí, las dos caras de la moneda en cuanto a periodismo y zapatos (y quien no se sepa mi historia, que se la lea aquí )

Pues eso, que ni te casas con un príncipe perdiendo el zapato, ni quiero.

Leyendo todas estas versiones te das cuenta de las patrañas que nos cuenta Disney, cómo disfrazan con princesitas y hadas situaciones de malos tratos por parte de madrastras, incestos, asesinatos, princesas que se drogan y se quedan a dormirla en casa de 7 enanitos desconocidos, niños de madera a los que les pone mentir, niños abandonados que se tienen que construir casas de paja para sobrevivir al temporal (que ahora, con la Ola Siberania… lo llevan claro), violaciones y asaltos a niñas que simplemente le van a llevar la compra a la abuela moribunda, gente con problemas psicológicos y mentalidad infantil que se niegan a crecer,…

No obstante, a pesar de este disfraz de la realidad, me consta que Disney se adapta a los nuevos tiempos y va modificando los diálogos de sus películas, mantienen la misma imagen, pero lo doblan de diferente manera. Supongo que será para situaciones como que, cuando el príncipe vaya a hablar, las princesitas Disney puedan decir: “déjame hablar a mí”, o para que, cuando Blancanieves te despierte rodeada de enanos, éstos le puedan preguntar: “cuánto estramonio tomaste anoche??”, o para que cuando encuentren a la Bella Durmiente en aquel castillo desmayada por el pinchazo de la aguja digan: “pero qué tipo de taller ilegal es este?? Esta mujer no es china!”. Un detallazo por parte de Disney, que se adapta a los nuevos tiempos (no como las madres del principio, que ven “altos y guapos” a todos los “mozos”, éstas se han quedado ancladas en los gustos de “Amar en tiempos revueltos”).


Tras Disney, viene Hollywood, el Disney de los mayores. Cuánto daño ha hecho Hollywood haciéndonos creer que por estudiar periodismo íbamos a trabajar en una redacción como la de "El Diablo viste de Prada", o por hacernos creer que te vas a montar en un taxi y le vas a decir al taxista "tengo que llegar a este sitio en 2 minutos, que se va el hombre de mi vida!!" te va atravesar Nueva York para llegar in extremis (aquí el taxista te intentaría hacer el lío y en lo que te cuenta su vida y en lo que te lleva por el camino más largo, dalo por imposible),...

Y antes de todo esto está la realidad.

La realidad donde las Cenicientas de hoy en día no hacen ni el huevo en casa, se llevan de lujo con la madre o madrastra, el hada mágica se llama “papá, necesito un vestido, unos zapatos, dinero y un coche, que la carroza de calabaza se me ha quedado obsoleta para ir a la Goa”, lo de las 12 en casa se interpreta como las 12 del mediodía, lo de perder el zapato se llama “llevo unos de repuesto en el bolso porque el tacón que llevo es insoportable para más de 15 minutos, asique hago el paripé de salir divina y a medida que pasa la noche me voy quitando las mejoras”, en caso de perderlo no va a ir el Jonathan de turno que lo encuentre a llevarlo a tu casa, en caso de que vaya, tus padres verán las pintas y ni le abrirán, te enviará un "whatsapp" para decirte que tiene tu zapato, que lo perdiste cuando saliste corriendo porque llegabas tarde, le dirás que no tienes hora y que no llegabas tarde, que corrías porque estabas intentando darle esquinazo por pesado, y tú lo que tendrás será una resaca del copón y una semana más por delante en la que ganarte la vida esperando a que llegue tu príncipe particular, que dista mucho de los de los cuentos, como decía antes, por suerte.

Asique, chicas, agarrarse bien los zapatos, que están muy caros, no vaya a ser que algún pringaó los encuentre y se os plante en casa a llevároslo y os pase alguna desgracia, que entonces ahí estará Disney para verle el lado bueno y haceros un cuento.

miércoles, 18 de enero de 2012

Un Secador en la Maleta: "Berlín"

Siguiendo la serie de aventuras en viajes que me he montado, esta vez aterrizamos en Berlín

De milagro, porque ya anunciaba una servidora esa mañana de Diciembre que la maldita niebla nos la iba a jugar. Si llegamos a hacer como Alaska, que se mete un chute de lo que se meta para dormirse durante los vuelos, podríamos haber despertado al cabo de las 3 horas y pico que dura el vuelo Madrid-Berlín y la situación hubiese sido la misma que la del principio. Menos mal que las Navidades vienen cargadas de productos típicos y la gente lleva turrón hasta en los aviones, eso sí, tras acabar con todas las reservas de bocadillos que Vueling puede llevar en un avión.

Después de aguantar 3 horas las idas y venidas del piloto, que para hacerle el lío a nuestra mente planteaba rompecabezas como “la hora estimada de despegue es dentro de una hora”, al cabo de 30 minutos “ha aumentado la demora, 1 hora más”, a los 20 minutos “vamos a despegar 15 minutos antes de lo previsto”,… entonces, como si de un problema de matemáticas se tratara, en el que un pastor tiene 15 vacas, vende 5, compra 8, mueren 4 y al final al hombre le toca la lotería y se retira. Pues eso, que como si de un problema de estos se tratase, ves que te han tenido liada 3 horas.

Entonces se da el milagro, y aquello anda… anda, anda, anda… vamos, que yo llegué a pensar que estábamos yendo por carretera, lo cual me daba hasta más seguridad. Pero no, despegamos, nos tomamos el colacao y a dormir. Otras 3 horas, las mismas de parón, estamos en el aire manteniendo el tipo mientras te quedas dormida con la boca abierta y das cabezazos, la cosa más sexy del mundo, vamos, que yo no entiendo cuando dicen con toque picarón: “uooo, no te quedes dormida, a ver si te van a hacer algo… ;D”, a ver, alguien se ha fijado en la imagen lamentable que damos cuando nos quedamos sobados en los transportes públicos…? Pues eso, no necesita más explicación.

Y por fin llegamos a Berlín, a algún punto de Berlín… y es que, por si la niebla no nos había jodido ya lo suficiente, tenía que dar la traca final y hacer que nos soltasen en un aeropuerto aleatorio. Menos mal que somos chicas de recursos, aventureras natas, unas luchadoras de la vida,… y cogimos un taxi, cual Preysler. Aunque para Preysler el caniche gruñón reencarnado en señora que esperaba la cola por el lado contrario (la del taxi, ojo) y que, para no olvidar esta nuestra tierra, para demostrar que el vuelo llegaba cargado de españoles, nos gritaba a las 3 de la mañana como cuando llegas borracho a casa y está tu madre levantada con el camisón y los ojos pegados. Dicha elementa, la señora, nos gritaba que nos estábamos intentando colar.

Qué problema hay en España con las colas, es ver una cola y ya la estamos liando (explicación del triunfo de Lequio o Dinio, entre otros). Fuese cual fuese la razón de esta señora, no nos intentamos colar, nos colamos, sin intento.

Tras dejar atrás a las de la López Ibor, nos montamos en el taxi que nos iba a dejar en nuestro maravilloso hotel cuya estampa de bienvenida fue lo que parecía una célula terrorista de árabe-coreanos que jugaban a las cartas en una mesa de la recepción. Ahí es cuando recuerdas lo de que las estrellas de los hoteles son muy relativas. Pero bueno, era solo un elemento más para la noche que nos había salido torcida, el hotel finalmente resultó ser aceptable.


East Side Gallery y su metáfora sobre cómo llegamos... destruídas, pero llegamos...

Y superada esta prueba, la llegada, cuatro días de frío, caminatas, cervezas y salchichas que nos os voy a contar con detalle, que eso es para los abonados. Eso sí, unos consejitos por si os da por encaramaros a un avión para acabar en esta ciudad:

-    No contentos con la experiencia histórica, parece ser que esta gente tiene afición por el gas. Ojo al comprar agua porque parece ser que si aquí tenemos excedente de champú de caballo (y para el que no lo pille, que se lea mi entrada anterior), allí aún les sobra gas y lo meten en el agua.

-    No revelar nunca tu ubicación, y menos si te llaman de tu banco y te encuentras en mitad de un campo de concentración. Decir: "es que me pillas en un campo de concentración" fuera de contexto no tiene mucho sentido y además, con eso no vas a conseguir que te bajen las comisiones…

-    Si el perro de Heidi, es decir, la niebla, te ha intentado boicotear el viaje, es normal que luego tengas traumas. Te acostumbras a que los transportes no salen a su debido momento y claro, te montas en el cercanías y cuando te estás quejando de que ponía que en 3 minutos salía, resulta que ya te están diciendo que has llegado al destino.

-    Si vais en Navidad y veis una plataforma gigante llena de luces, girando, con camellos, gente que lleva oro y, dicen, incienso, uno descamisaó con los pelos largos en lo alto,… no es un garito, son los belenes giratorios que parecen ser típicos de la zona. De todos modos, si hay un elemento clave por el que te darás cuenta de que eso no es un garito, es que hay una virgen, ese personaje histórico que terminará desapareciendo, como los dinosaurios, ya que ver una es cada vez más un hecho insólito.

-    Si no vas a Berlín porque crees que sólo hay cervezas, salchichas gigantes y rubios tamaño 4x4 (que digo yo: “vaya problema…”), y optas por la modalidad de vuelo Ida/Vuelta Todo en 1 de Vueling (modalidad: te montas durante 3 horas, te bajas y sigues en Madrid), no sabes lo que haces.

Y cuando ya te vas soltando con el alemán (y con el idioma también), toca volver. Consejo de última hora, hay una ley, creo que se llama la Ley Chenoa, que dice que, si algo puede salir mal, saldrá mal. Si llevas 4 días de gloria en Berlín, te manejas los transportes cual autóctona, te ha dado tiempo a ver de todo y hasta te permites el lujo de encajar planes de última hora momentos antes de coger el avión,… agárrate, algo falla.

Efectivamente, con tanta coordinación y tanto plan perfectamente encajado (como la espada del Rey Arturo y otras cosas) hasta has acojonado a los alemanes, y deciden joderte el metro y comentártelo en alemán. Menos mal que siempre te quedará la táctica del taxi, que consiste en coger uno.


East Side Gallery, yo creo que esta pintura tiene algo que ver con los españoles y las colas...

 Ahora sí, en el aeropuerto, vuelta a la realidad. Vuelven las colas, vuelven los problemas. Señoras disfrazadas de gente educada por aquello de llevar un visón que te hacen adelantamientos por la derecha en un carril de aceleración improvisado, listillas que creen que no te saltas las normas porque no sabes, no porque seas civilizado, y demás especímenes poco acostumbrados a las colas (normal, con esas caras…).

Menos mal que no nos podíamos ir con mal sabor de boca y aun nos quedaba pasar el control, donde te desnudas (bueno, va, sólo te quitas las botas, pero con ganas te quedas de quitarte más al ver individuos como el que vengo a describir), y está ese alemán de los que impactan (de momento, a primera vista, no sé qué más impactos podía hacer, porque sólo era un control). Tú pasas, dejas ahí tus cosas, te mira, le miras, te mira, le miras,… piiii piiii piiii, y ahí tienes a tus amigas pitando por el arco de seguridad, con sus pertenencias amontonándose en la cinta andadora mientras les registran y tu te dedicas a otros menesteres.

El caso, que como los muertos, que vuelven a la vida cuando tienen asuntos pendientes, va a ser que hay que volver a Berlín…

Y, aunque no tenga nada que ver con el idioma, como diría David El Gnomo (expresión que yo estoy convencida que significa “que se te caen las bragas” > Slip Bye) Slitz Bye!!

sábado, 14 de enero de 2012

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jueves, 12 de enero de 2012

La dieta de la felicidad

Transcurridos apenas 10 días de enero, un gran porcentaje de la población española ya está haciendo mal las cosas. Efectivamente, vuelvo a no hablar de política, hablo de vosotros, de la gente normal que curra para ganarse los euros, de la gente normal que dice odiar las Navidades, de la gente normal que luego se pasa el mes de diciembre celebrando que Jesús nació… o fue cuando se murió…? Bueno, celebrando que nos vamos a poner como el kiko a base de cochinillos y cucarachas de mar, que nos van a traer cosas los Reyes (que cuando nos enteramos que nuestro novio nos engañaba bien que le dejamos, pero te pasas los primeros años de tu vida pensando que los Reyes existen y cuando te enteras de la verdad no he visto yo a nadie que se pille tal cabreo como para decir: “no me regales más, estoy muy dolida!”). En fin, que sí, que somos gente normal y lo seguiremos siendo mientras la sigamos cagando nada más empezar el año.

Le daré una tregua a lo del fin del mundo, no vaya a ser que sea una falsa alarma a lo teléfono escacharraó, y en realidad no sea que los Mayas hayan anunciado el fin del mundo sino que “las payas hayan anunciado el fin del hurto”, y supondré que vamos a tener unos cuantos eneros más en los que poner en práctica mis consejos.

La idea de que lo hacemos mal es muy sencilla, y es que no han terminado de salir los Reyes Magos del portal cuando ya estamos planeando la lista de propósitos que empezamos “mañana mismo” y que, con tanta ilusión que los planeamos, no nos estamos dando cuenta que van a ser la maldita causa de todos nuestros males y frustraciones a lo largo del año.




Empezamos el año con la frase más absurda que se ha creado en la vida: “Año Nuevo, Vida Nueva” (que yo sepa, la vida es la que llevamos acumulando algunas 25 años, otros 30, otros 13,… y no nos la recargan cada 1 de enero… al revés, nos la van desgastando).

Como cuando sales de fiesta con muchas ganas, que luego pasas una noche de mierda, esto es igual. Empiezas el año con todas tus ganas de dejar de fumar, de ahorrar, de ponerte pivonazo, de terminar la carrera (esto a la gente normal le suele pasar durante un enero de su vida, a otras se nos repite como si fuese un dejavú constante), o, para los más atrevidos, echarse novia y otras formas de suicidio.

De momento, el día 1 estás borracho y comiendo churros a las 11 de la mañana, la dieta y el abandono de otros vicios tendrán que esperar. Es festivo, por lo que no te puedes ir a apuntar al gimnasio, ejercicio físico, a la espera también.

El día 2 vas recuperando la cordura y ejerces la dieta a base de la resaca que tienes que no puedes ni comer, es decir, dieta forzosa.  El 3 ya te ves fuerte y a la que vuelves de comprar los regalos de Reyes, te apuntas al gimnasio, te acaban de hacer la envolvente y has pagado una cuota anual de la cual no vas a amortizar ni la toalla que te han regalado. Muy bien, vas por el buen camino de la belleza, pero has olvidado algo… lo de ahorrar. Caes en ese error, y es tal la culpabilidad que te hinchas a comer… a día 3 y ya estás hundido en la miseria.

El día 4 comienzas otra vez tus propósitos: “venga, hoy sí que sí, empiezo” Y efectivamente, no gastas, porque no te queda ni un euro, y no comes, porque tienes indigestión del día anterior.

Los días 5 (los de la rima muy bien, muy hábiles) y 6 abandonas la dieta porque hay que comerse el roscón, que es tradición… claro, también es tradición que si te encuentras el haba que viene dentro, pagues, y yo no veo pagar a nadie. Otra muestra de lo malquedas que somos y lo que nos gusta prometer cosas que no vamos a hacer.

El caso, que llegamos al día 7, el día 7 va a ser el nuevo día 1 de enero. Este es el verdadero origen del universo, quitamos la decoración de burdel que tenemos en las casas (a nivel de poblaciones la cosa va más lenta, que vas en marzo por la calle y no sabes si es que te han puesto una “sauna” nueva en el barrio o es que son resquicios de la luces de Navidad), los que han tenido vacaciones de Navidad, se afeitan, se visten de persona seria sin esos gorros que se ha aficionado a llevar ahora la gente con la simple excusa de que es Navidad,…En resumen, comienza la vida de verdad, y te pones serio con el listado.

Lo que no sabe ese listado (tú sí, porque todos los años lo haces) es que 15 días más tarde va a ser abandonado, para volver a ser rescatado un año más tarde. Al final, entre los cumpleaños; la Semana Santa; los puentes; el salir; las vacaciones; las multas que te llegan porque tú, que no sueltas el coche ni para sacar al perro (hecho verídico, en mi barrio hay uno que saca al perro en moto), has interpretado que lo de salir a correr era con el coche; las cañas; las tapitas del bar;… entre todo eso, ni pierdes kilos, ni ganas dinero ni te conviertes en esa persona imaginaria que alberga en tu mente.

Y es que al fin y al cabo, ¿qué son los propósitos? Lo que nos gustaría ser en realidad, y nos la sopla por completo que sean cosas realistas o no. Nos da igual tener la experiencia de no sé cuántos años anteriores. Nos da igual que tengamos 30 años y ya no vayamos a crecer más porque el crecimiento se te ha detenido casi una década atrás, nosotros queremos ser más altos, más guapos (y para eso, un secreto, no hace falta esperar al 1 de enero, te vas a la Clínica Menorca cuando te plazca y te hacen un apaño) y más listos. Y como no lo conseguimos, porque sabemos que nunca hemos tenido fuerza de voluntad ni tiempo para ir al gimnasio, que no nos vamos a resistir a comernos la tarta de tres chocolates que hace nuestra madre, que no vamos a dejar de fumar porque otro de los propósitos era ser mejor persona y el mono te pone de mala leche,… pues nos frustramos, y pasamos el resto de año lamentándonos por ello.

Entonces, propongo yo lo siguiente: ¿por qué no hacemos como el rey que aparece en el libro de “El Principito” y nos proponemos cosas razonables? Y es que, si le pedimos al Sol que se apague y no lo hace, ¿de quién es la culpa? ¿Del Sol, por desobediente? No, nuestra, por pedir cosas imposibles.



Que lo de “seamos realistas, pidamos lo imposible”, está muy bien para una revolución. Que como dicen Maldita Nerea “los imposibles también existen”. Adidas, con su “Impossible is nothing”. Pero señores… para una cosa que nos proponemos de verdad como aliciente para la vida, no le pidamos peras al olmo.

Y una vez que tengamos esos propósitos razonables delimitados, ¿por qué no los incorporamos a nuestra vida cotidiana? En vez de intentar ser mejor persona a partir del 1 de enero, actúa como tal todo el año; en vez de proponerte hacer deporte para la operación bikini, prácticalo todo el año; en vez de agobiarte por el dinero en enero, ahorra todo el año; en vez de intentar abandonar los vicios tras la Navidad, no lo hagas durante el año;... y hasta aquí, porque también hay que vivir.

De todos modos, no te sientas mal si has caído en este error de los imposibles, las estadísticas demuestran que no estás solo. En estos datos se muestra  que en enero cae la venta de tabaco, aumentan las altas en los gimnasios, aumenta el número de divorcios, las consultas de los endocrinos se llenan,…

Y es que al final esto es un bucle, los propósitos nos hunden a mitad de año, pero en diciembre resurgimos como el Ave Fénix y la ilusión con la que vuelves a decir las mismas tonterías que hace un año provocan sobre los propósitos ese efecto que dicen los del Atletico de Madrid, que “te matan, te dan la vida”.

Y sobre todo, no olvidéis que, si hay un propósito que está al alcance de vuestras posibilidades, ese es leerme!!

martes, 3 de enero de 2012

Los cafés que no nos dimos


Si hay algún negocio que para nada debe haber notado el asunto de la crisis, es más, se debe estar beneficiando, es el bar en el que la gente queda para tomarse los cafés de “a ver si nos tomamos un café”.

¿Quién no tiene una lista de cafés pendientes? Cuando nos vamos de un trabajo, cuando nos encontramos con gente a la que no vemos hace tiempo, cuando nos cruzamos por las escaleras con la vecina del primero con la que solías mantener una amistad,… cuando hay encuentros, en general, tenemos la manía de decir: “nos llamamos y nos tomamos algo”, ¿por qué mentimos? Si queremos tomarnos algo, nos llamamos y nos tomamos algo, no hacemos la solicitud previa y publicación en el BOE.

Decía que ese bar de “a ver si nos tomamos un café” (ojo, que no “haber si nos tomamos un café”, que ya llevo varias entradas haciendo campaña contra esta patada lingüística), pues eso, que decía que se ve beneficiado porque en épocas de crisis la gente es despedida, por lo que tiene que dejar atrás a los compañeros de trabajo, y esto se retroalimenta en que, como están aburridos en sus casas, deciden proponer “cafeses” a diestro y siniestro, que alguno colará.

El café… ese elemento de unión entra las personas, que a mí me pone tan de los nervios (el café, no la unión entre personas, de hecho me parece muy bien la unión entre personas), esa excusa para quedar con alguien o intentar retomar una relación, incluso para comenzarla. El café, con tantas modalidades, cada una con personalidad propia, como dice Clooney (a este pronto le íbamos a rechazar un café… ya, ya…).

Precisamente podríamos clasificar a las personas que proponen cafés al igual que las variedades que existen de estos:

-          Irlandés, que lleva alcohol. Típica persona que te encuentras en estado ebrio y te demuestra la ya conocida “exaltación de la amistad”, que no tienes, y te propone uno de esos cafés.

-          Solo, pues eso, que está más solo que la una. Y que al igual que cuando la gente se entera que no tienes novio resulta que tus fotos del Facebook son las más chulas de la red, en un afán de modificar el “Me Gusta” por “Me Gustas”, pues lo que digo, que al igual que hacen esto, los personajes solitarios proponen cafés.

-          Con leche, probablemente, también esté solo… mejor no pensarlo.

-          Bombón, con ese sí quedas, eh…

-          Descafeinado, esta gente que no te aporta nada, que de verdad tiene ganas de quedar, o no, qué sabemos, pero que ni fu ni fa.

-          Cortado, que en un momento de euforia te propone un café pero cuando quieres materializarlo se echa para atrás por el miedo escénico.

-          Tostado, esa gente que no se entera de nada, y para salir del paso de su torrija van proponiendo cafés.

Ese bar del que os hablaba al principio ya se forra cuando la gente dice “hablamos para tomarnos una copa” y hasta da cenas. Todas estas intenciones son de los creadores de “A ver si te llamo” y “A ver si nos vemos”. Por favor, compañías telefónicas imaginarias y gafas sin cristal para todos.

El caso es que al igual que dicen eso de “de cobardes están llenos los cementerios”, digo yo que de valientes están llenos los bares de verdad, de esa gente que materializa la intención de quedar y no deja cafés en el limbo, que debe parecer eso un Starbucks. El Starbucks, por cierto, es de gente valiente, solo hay que hacer una comprobación un domingo por la tarde, sea la hora que sea, queda con tus amigos e intenta buscar un hueco en esta cadena de cafeterías, recorre varios kilómetros a la redonda y barre la zona de Madrid centro, no hay más que valientes.

Asique, con esto quiero deciros que os dejéis de tonterías, que dejéis descansar a la cafetería de “Las Intenciones”, como podría llamarse, que si de verdad queréis quedar con alguien lo hagáis, y que si es un decir no lo digáis, que ya está muy visto, y que los cafés imaginarios ni alimentan ni quitan el sueño a nadie. 

Y para terminar, un mensaje para George... Clooney, a ver si nos tomamos... unas confianzas.




jueves, 29 de diciembre de 2011

Feliz Año Viejo (porque ya están muy vistos, y de nuevos no tienen nada)


Y si era típico escribir una entrada felicitando la Navidad, lo que “Dios manda” ahora es felicitar el año, ¿no? Pues que no mande tanto y lo pida “por favor”.
 
Pues eso, hoy vengo (no es que venga, porque ya estoy aquí, pero es un decir) a hablaros de los errores, con mención especial a Remedios Cervantes, que tras cagarla en varios concursos de televisión va a hacer cierta la frase de “va a ser peor el Remedio que la enfermedad…”. En fin, creo que los errores son un buen tema ahora que acabamos el año, para delimitar el asunto y saber qué cosas no tenemos que hacer en el año que entra, corto, porque sabemos que se acaba, y al que creo que llegamos tarde, porque de nada nos va a servir remendar nuestros errores ante el fin del mundo, pero por aquello de morir en paz.
 
Empecemos por el final, o por el principio, como lo veáis. El primer gran error que cometemos al empezar el año es que lo empezamos igual que lo acabamos. La continuidad de las 23:59 horas del 31 de diciembre con las 00:00 del 1 de enero del año siguiente es tal que lo mismo que en un momento nos estamos comiendo las uvas, al segundo siguiente, ya en enero del año próximo, te estás atragantando y muriendo de la forma más tonta. Por tanto, primer error: las uvas. No nos engañemos, señores, las famosas uvas de la suerte no son más que un excedente de cosecha de primeros de siglo, al igual que lo es actualmente el champú para caballos que nos intentan vender diciendo que con él te crece más el pelo, es lo mismo, las uvas no dan buena suerte, las uvas te joden la existencia desde el mismo momento que te sientas a la mesa y tienes que dedicar gran parte de tu cena de Nochevieja a pelarlas y sacarles la gracia para poder comértelas luego a gusto. Para eso, digo yo, comamos otras cosas que no haya que pelar y que no nos entren por mal sitio. Es más, si confiamos nuestra buena suerte en las uvas y nos va como nos va… algo estamos haciendo mal.
 
Segundo gran error frente a cada año nuevo que entra: que entras con mal pie, ebria y con tacones. ¿No sería más lógico cenar una sopita y un pescadito a la plancha, como cualquier noche, ponerte tu pijamita y meterte en la cama para descansar y empezar el año nuevo con todas las fuerzas del mundo? No, hay que empezar vestidos cual gitanos, los chicos con trajes que no se han puesto en la vida, y que algunos visten con más gracia que otros (aunque para gracia, estos que parecen haber sido asesorados por la mujer del futuro de Neutrex y llevan unos atuendos así como tirando a plateados) y las mujeres con sus “mejores galas” de palabra de honor, rasos imposibles, brillantes de “Swbaratosky”, terciopelos “vintage” (por aquello de calificarlo de alguna manera, aunque la palabra “terciopelo” ya conlleva una gran carga psicológica…). Y claro, para sobrellevar esas pintas, ¿qué haces? Bebes. Bebes, te lías la servilleta a la cabeza, cuentas cuatro chistes, la lías con las uvas y, si sobrevives al atragantamiento, ya estás en el año nuevo,  borracho. Desde ese momento estás desmantelando todos esos propósitos que hasta esa misma tarde creías tener muy claros (que componen el tercer gran error de todos los años): “este año dejo de beber”, “este año adelgazo”, “este año dejo de fumar”,… Dejaos de tonterías y preocupaos de las cosas importantes, ¿para qué queréis adelgazar, dejar de fumar, de beber, etc.? Para sentiros mejor no, para gustar más, pues tirar por el camino fácil y proponeos: “este año voy a mojar más”.
 
Bueno, pues ya hemos sobrevivido a las uvas, ya estamos borrachos y ahora toca lucir los gitanismos por ahí, asique tú, que eres un valiente, decides pagar 100 euros para meterte en un garito abarrotado de gente para jugarte de nuevo la vida y morir por avalancha, ataque de agorafobia o deshidratación por falta de bebida, que te tardan en servir 2 horas. Ahora está muy de moda decir “a mí cada vez me gusta menos salir en Nochevieja, si luego es la peor noche para salir, te gastas una pasta, es cuando menos rato estás por ahí, tardas un montón en pedir,…” un lumbreras es que haya descubierto esto… pero lamento comunicaros que la Nochevieja ha sido la misma mierda toda la vida lo único que os estáis haciendo mayores, o envejeciendo, como mejor os suene, y lo mismo que ahora no te motiva nada hacer botellón en la calle o ponerte a gritar frente a Justin Bieber, pues tampoco te motiva hacinarte en el New Guarramond o similares (aumentando así el porcentaje de carnes lozanas por metro cuadrado). Ahora lo que se lleva es abandonar el país (un consejo para aquellos que lo hagan: si te vas fuera de España a celebrar la Nochevieja, lo estás haciendo bien, no la cagues volviendo), irse en plan rural, ocupar casas ajenas o, mutación del sector de modernos, irse a las fiestas de Año Nuevo. Sea cual sea la modalidad de celebrar la Nochevieja, esta fiesta es más merecedora de llamarse Semana Santa que lo que viene luego por allá por Marzo o Abril. Nos pasamos el último mes y pico del año jodidos, jodidos por las deudas, los errores cometidos durante el año, porque vemos que se nos ha pasado otro año sin pena ni gloria… vamos, 40 días de Pascua, alimentados por la resaca de las cenas de Navidad, la decepción de la lotería que no toca… Tras los 40 días, una semana de gloria preparando los atuendos de calorro que te vas a plantar para culminar el año por todo lo alto, la comida, las uvas de la muerte (uys, de la suerte!),… llegando así la Nochevieja, que sería el Sábado de Gloria (consultar la Wikipedia para saber los componentes de la Semana Santa), Año Nuevo de Crucifixión y día 2 de Resurrección, cuando no te quedan más narices que ir a currar. Hablando de currar, un llamamiento a todos aquellos snobs que celebran Papá Noel, que se dejen de bromas, que si las vacaciones de Navidad empalman con las rebajas, ya bien entrado el año, es porque aquí se rinde culto a los Reyes Magos.
 

Y así, con los Reyes Magos, las Rebajas, la Semana Santa, la Semana Fantástica, los 8 Días de Oro, el puente de Mayo, las vacaciones de verano, el puente de Agosto, los días que te has dejado ahí para Septiembre, el comienzo del curso en Octubre (al que yo espero no asistir en 2012), el puente de Noviembre, y los 40 días de balance del año volvemos a encontrarnos en el mismo bucle. Se nos ha pasado el año y al hacer el famoso balance tenemos más DEBE que HABER (y “haber” no son esos cafés que “haber” si nos tomamos, de hecho esa gente son errores de cada año, si tienes amigos que te siguen poniendo eso en el muro de alguna red social en las que publicas tu vida, bórrale, es uno de los lastres que no te permite avanzar). Y claro, ese DEBE se nos hace un mundo y nos obsesionamos… “DEBE, DEBE, DEBE, BEBE, BEBE, BEBE,…”, efectivamente, BEBE, ya vuelves a estar en Nochevieja.
 

Como decía al principio, el 2012 tiene algo especial, y es que se acaba antes. No sabemos si va a ser como decían los Mayas, como un cambio de concepción del mundo, si va a caer un meteorito gigante y nos va a llevar a mejor vida a todos (excepto a las malditas ratas y las cucarachas), para otros el fin del mundo será que se colapse “Whatsapp”,… qué sabemos, habrá que esperar casi 365 días para saberlo. Hasta entonces podéis fantasear con que “mañana empezáis la dieta”, “la semana que viene os apuntáis al gimnasio”, “el mes que viene ahorráis”… asique no cometáis más errores de estos, y a vivir, que son 300 y pico días!
 

¡FELIZ AÑO NUEVO!