miércoles, 16 de marzo de 2011

Gracias, Renfe

Se acabaron las vacaciones... llegó la depresión post-vacacional, el madrugar para volver a ir al cole (hecho que, de manera autónoma, interrumpo durante mis vacaciones laborales), el aclimatamiento del cuerpo a estar 8 horas de pie mientras los focos come-color me van quitando el moreno (al parecer he venido morena... de Plasencia y Amsterdam... si me llego a ir al Caribe no sé qué habría sido de mi piel),... en fin, la vuelta a la cruda realidad.
Todo lo bueno se acaba, pero siempre quedarála experiencia, las fotos, el recuerdo... y las anécdotas.
Hoy voy a narrar mi escala Plasencia-Madrid el día anterior a irme a la tierra de los tulipanes, las bicis, las cosas claras, y el chocolate fumado.

Miércoles 9, siete años haciendo el recorrido Plasencia-Madrid, y viceversa, con Renfe; siete años montando pollos, siete años de retrasos, calefacciones estropeadas, fechas clave luchando por coger sitio, proyectos de militares subiendo al parar el Torrijos,y un largo etcétera. Como decía, siete años cogiendo este tren (en principio era un regional, luego pasó a ser Talgo, luego lo convirtieron en TRD,... pero todos con la misma dinámica) y todavía se me ponen los pelos como escarpias la mañana del día que me tengo que montar en ese trasto. Nunca sabes qué va a pasar.

Me subo al tren (por lo menos esta vez subí, no como en Navidad que, con el tren delante de nuestras narices, nos dicen que no funciona, tal cual, ni retraso ni nada, que no funciona!), comienza la función.

El tren ha arrancado, parece que empieza bien la cosa, pero aún no estás a salvo. Es muy frecuente encontrarte a gente conocida en la estación, gente a la que conoces de hola y adiós, gente con la que no tienes tema de conversación para 2 horas y media de trayecto (supuestamente ese es el tiempo que dura el viaje), gente con la que no tienes ni puta gana de sentarte (ni ellos contigo) y gente con la que te acabas sentando (por aquello de los contratos sociales).

Primera parada: Monfragüe. Denominado por los lugareños como "empalme", debido a que la estación se bifurca, un lado para los que van a Plasencia, y otro para los que siguen hacia Cáceres o Badajoz. Si vas en un tren que va o viene de Badajoz... primera cagada y posible primer punto conflictivo. Tendrás que esperar a que una parte del tren aparezca por la otra vía y empalme con la parte en la que tú vas. Este proceso puede tardar varios minutos, incluso horas. Si vienes de Madrid, la cosa se complica, ya que el revisor te puede anunciar que vas montado en la parte que tira hacia Cáceres, por lo que en Monfragüe tendrás que bajarte haciendo malabares con la maleta para, en 2 minutos, cambiarte de vagón si no quieres aparecer en destino desconocido. Si superas el primer nivel, puedes seguir tirando.

Segunda parada: Casatejada. Aunque el tren ha logrado salir de la estación, no cantar victoria, en Casatejada pueden decirte que ha petado el tren y que te bajes, que te van a poner unos autobuses, que ya están viniendo (viniendo de Barcelona deducimos, por lo que tardan...).

Tercera parada: Navalmoral de la Mata. Has superado dos niveles, ahora viene una prueba psicológica, aguantar a las pseudopijas que se suben en Navalmoral, que montan el número mientras lo hacen y, cuando crees que las tienes acomodadas y tranquilitas, descubres que te van a dar el viaje contando sus historias varias.

Cuarta parada: Oropesa de Toledo. Ya hemos salido de la comunidad, pero no hemos abandonado el riesgo. Otro punto caliente para posibles desalojos del tren o esperas absurdas (como la del empalme de los dos trozos de tren). Estas esperas consisten en que el tren se para durante media hora y que, de repente, pasa un tren dos vías más allá de la tuya y arranca.

Quinta parada: Talavera de la Reina. Núcleo de población elevada, haciendo la comparativa con las demás estaciones por las que pasamos. Aquí corres el riesgo de recoger a más cotorras que te den el viaje. Aunque, probablemente, tu conocido de Plasencia ya te lo lleve dando durante hora y pico.

Pasamos Talavera y te entra el hambre (hecho consecuente de todo viaje, aunque dure dos horas y sea durante una franja horaria en la que normalmente no comes, pero la cuestión es que viajar da hambre). Si has encontrado al conocido de Plasencia, olvídate de merendar (otro aspecto del contrato social). Si vas sólo, te comes el sandwich que la madre te ha preparado, las galletas, y a intentar coger la postura para echar una cabezadita (otro hecho insólito de los viajes, dan sueño, repito, sea la hora que sea).

Sexta parada: Montearagón. Ostia... mal vamos. En qué lugar del mapa se ubica este lugar?? Qué tipo de desviación ha sufrido el tren?? Sean cuales sean las respuestas, el caso es que pasas por una estación de los PinYpon, con su correspondiente señor de la varita roja que te da paso, y donde nunca se sube ni baja nadie...

Séptima parada: Calera y Chozas. Estación aparentemente fantasma, donde vive un señor "trenecista" que mueve la varita roja, no sé si para que pasemos o para que paremos a ayudarle, porque debe llevar años ahí abandonado.

Octava parada: Erustes. Bfff... confirmado, me he equivocado de tren... 3 estaciones seguidas que no sé señalar en el mapa, esto no puedo acabar en Madrid. He viajado en el tiempo y me he metido en el OrientExpress...

Novena parada: Torrijos. Falsa alarma, efectivamente, estamos en España... si haces el recorrido dirección Plasencia un viernes, compruebas esto al ver cómo una decena de niñatos con los petates color camuflaje se suben al tren fardando de cosas como: "ahora dejamos de pegar tiros pa´metérnoslos, jaajaa". Qué especie tan peculiar... Si haces el recorrido dirección Madrid un domingo por la mañana, compruebas que vas a Madrid cuando se sube otra decena de suh´primiselos procedentes del "Radi".

Décima parada: Illescas. Ahí tenemos familia... asique no diré nada al respecto. Sólo que, si has llegado hasta ahí, aún peligras. Todo apunta a que el tren va a llegar a su hora pero, de repente, se para en medio de la nada durante media hora.

Parada once (onceava queda muy feo escrito): Humanes. Ya estamos en los extrarradios de la capital. Empieza a subir y bajar gente que dice: "ejjjqueee...".

Parada doce: "Fuenla". Cuna de los suh´primicos que vienen del "Radi", y, por sorpresa para nosotros, de las pseudopijas que se montaron en Navalmoral.

Penúltima parada: Leganés. El destino está cerca. La gente se empieza a poner de pie, aunque falten 20 minutos para llegar. Tú empiezas a vislumbrar el fin de la pesadilla en la que te has visto inmerso. Tu conocido de Plasencia debe pensar lo mismo que tú: "qué ganas de llegar y quitarme al sadope este de encima".

Final de trayecto: Madrid-Atocha. Pasas por MercaMadrid, El Corte Inglés de San José de Valderas, Cine Cité, a lo lejos ves Atocha, y, cuando parece que todo ha terminado... el tren se para. El rubiales dice que esperan a que les den vía, yo digo que es por tradición, para llegar tarde, pero con el suficiente margen como para no poder ponerles una reclamación.

Finalmente, pisas tierra firme, con la sorpresa de que el tren ya no llega donde siempre, sino que te sueltan en medio de todo el gentío que espera el Cercanías (que digo yo que hagan un andén para el "lejanías" del que yo vengo), y que no sabes salir a la superficie.

Cuando finalmente encuentras la superficie tienes tres opciones: a) si el trayecto ha sido interrumpido en alguno de los niveles, te diriges a poner una reclamación (unas cuantas de esas tienen que tener mias), por la cual no te harán ni caso.
b) si el trayecto, milagrosamente, sólo ha durado 40 minutos más de lo previsto, te vas indignado a casa, con el único consuelo de que el rubiales ha ido a buscarte.
c) no va nadie a buscarte, llegas indignado, y encima tu conocido de Plasencia va en la misma dirección de metro que tú.

Sin más, agradecer a Renfe los momentos que han pasado a mi lado como mi cumpleaños del 2008, cuando me pasé 5 horas metida en el tren, terminando en un autobús que me soltó en Madrid a las 2 de la mañana; mi inicio de vacaciones de verano 2009, cuando en pleno agosto, a las 4 de la tarde, nos soltaban a esperar unos autobuses que tardarían hora y media en Talavera de la Reina; o aquel fin de semana con mi tía, cuando cambiaban la vía sin avisar y nos montábamos en un tren vacío viendo cómo se iba el de al lado, que era el nuestro.

lunes, 7 de marzo de 2011

Las apariencias engañan

Me hallo en mi hogar, pero en mi hogar el de verdad, en Plasencia (aclaro porque da lugar a errores cuando digo que me voy de vacaciones a mi casa y la gente me mira como diciendo: "qué emocionante...", pensando que me voy a quedar en Madrid). El caso, que estando en mi retiro espiritual, he recopilado datos suficientes para la elaboración de una nueva entrada en el blog basada en errores en los que he estado inmersa durante muchos años de mi vida.

El sábado, nos disponíamos a hacer un poco de turismo rural para que el rubiales echase sus fotillos por la zona. Mi padre propuso ir a Piornal, el pueblo más alto del Valle del Jerte, 1500 habitantes, un pueblo perdido de la mano de Dios donde, para llegar, tienes que tener mucha paciencia, la tensión regulada y la biodramina a mano (a la que mi padre se empeñó en llamar anfetamina). El caso, que llegamos y, desde el momento que nos bajamos del coche (a pesar del tormento anterior con tarta curva), se acabó la tranquilidad. Safri Duo a todo trapo, sonando a través del altavoz de una C15, y una panda de personajes disfrazados de cervezas, cigarros y todo tipo de vicios. Efectivamente, sábado de carnaval... Tras la lección a manos de mi padre sobre cómo entrar a un grupo de chavales, a modo "Callejeros", para que te digan si hay nieve en el puerto, volvemos al coche y proseguimos con nuestro viaje. Volviendo a mi padre, un tipo con sus RayBan de toda la vida, su puro (que se encendió nada más bajar del coche, detrás de una columna, como si se estuviese haciendo un porro), sus prismáticos colgados, su arte para acercarse a tres chavales y decir: "tenéis fuego?? por cierto... hay nieve??" y su cazadora Roc Neige... motivo de mi entrada en el blog.
Hasta el famoso sábado de carnaval he vivido engañada, una vez más...

Hace unas semanas, cuando estaba buscando chaquetas abrigadas para mi viaje a Amsterdam, me acordé de una marca que recordaba haber visto en alguna ocasión en temas de nieve y montaña... Roc Noice. Busqué la página de la marca, y nada, ni rastro de ella. Google no mostraba resultados, y no hacía más que poner en duda el texto que había puesto para buscar: "cazadoras Roc Noice"... diciendo: "Quizás quiso decir..." Quizás quise decir nada! Roc Noice, a secas!! Ante la desesperación, pensé que la marca había desparecido del mercado, como otras muchas, y dejé mi pelea con Google.
Mi engaño continuaba, hasta el sábado... Momento en el que mi padre dice: "Joder, esta cazadora es buena, tiene 30 años..." y, ante mi pregunta sobre qué marca era, contestó: "Roc Neige". Entonces, la búsqueda que tuve lugar días antes, y mi conflicto con Google, pasó por mi cabeza en cuestión de segundos. Analicé el logo detenidamente y cuál fue mi sorpresa al descubrir que lo que yo creía ver como O era una E y que la G está totalmente camuflada en una C! Por fin he hecho las paces con el buscador y me ha mostrado la página que buscaba.

A raíz de este descubrimiento, han venido a mi mente casos parecidos que han sucedido en los 24 años que tengo. Procedo a su relato.

El póster de mi habitación... 17 años atemorizada. Cuando tenía 17 años, hicimos obra en casa, y descolgamos un poster que se encontraba clavado a mi pared desde que era pequeña. 17 años estuve preguntándome por qué mis padres me habían puesto una foto de un animal nocturno parecido a un "chupacabras" y que me daba pánico. La verdad es que, cuando preguntaba, mis padres me decían que era un pájaro, pero yo pensaba "y dónde leches se encontrará esa especie...". No tengo la imagen , para poder explicar lo que yo veía, pero aunque la tuviese, nadie iba a ver nada más allá de lo que era... un simple pajarito subido a un tronco. Cuando hicimos la otra, repito, bajamo el poster, y, al verlo de cerca, se me encendió algún botón del sistema visual, que había estado años apagado, y vi lo que realmente era! En efecto, un pajarito de los que se ven por la ciudad todos los días, por la noche, subido a un tronco con unas ramas y un gusanito en el pico.

El Seven Up... 19 años engañada. 19 años oyendo hablar de esta bebida, pero jamás había visto su envase. En su lugar, veía muy a menudo el envase de una bebida que nunca he oído nombrar a nadie... el ZUP. Hasta que cierto día me di cuenta de que la Z no era una Z sino un 7... entonces mi mente comenzó a funcionar y pensé: "Coño! Siete... Seven... Seven Up!!!". Por primera vez, veía su envase, siendo consciente de que era su envase... Desde ese momento, desaparecía de mi propio mercado mental el ZUP...

Pecu... 22 años sin conocer su existencia, y el día que soy consciente de ello, me informan que además no se llama Pecu, sino Pepu!

Las redes sociales... años sin saber de ellas ni su labor y hoy descubro el juego que dan para contar estas cosas raras que me suelen pasar, y me seguirán pasando. Mientras tanto, seguiré engañada durante años con otras cuestiones.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Normas básicas para una estancia vacacional agradable

Nos encontramos en una época en la que estamos empezando a decidir nuestros turnos de vacaciones en los trabajos. Inspirada en esto y en el hallazgo de un carpeta perdida en mi ordenador, cuyo contenido son unos vídeos de contenido variado, he decidido elaborar una lista de normas o consejos que pueden mejorar nuestra estancia en el lugar elegido.
Como elementos de análisis para extrapolar los datos (vocablos aprendidos del profesor Gaitán Moya), he usado dos viajes que realicé en 2009: Ibiza y Huelva. Los sujetos que me acompañaban, respectivamente, Álex, y mi hermana, Virginia.

Procedo:

1.- Horarios de llegada: qué pasa cuando te metes en atrápalo y te ponen unos precios baratísimos? Que te sueltan un jueves a la 1 de la madrugada en el aeropuerto de Ibiza, coges un autobús que parece que nunca llega a su destino y que, cuando crees que consigues alojarte, te derivan a otro sitio, acabando a las 3 de la mañana en una zona guiri total comprando galletas y embutido para cenar.

2.- Alojamiento: nos encontramos ante el mismo inconveniente que con los transportes, si es demasiado barato… mosquéate. Cuando sucede esto pueden pasar dos cosas: que te metas en un Eurostar muy curiosito, con todas las estrellas en su sitio, pero que tenga toda la calle cortada por obras y sea misión imposible soltar el coche en un sitio aceptable sin antes haberle dado un golpe echando marcha atrás; o que acabes en el  Hostal Escaló (para los que lo conozcan, no hace falta más explicación).

3.- Si, a pesar de mi consejo, acabas en el Hostal Escaló: primero habrás pasado por algún otro hostal de la misma cadena (por ejemplo, Hostal Torres), en el que no haya sitio, por lo que te hayan derivado al Escaló. Situado donde -Cristo perdió el mechero durante la última fiesta que se pegó en Ibiza.
- Empleados: muy guiris y borrachos.
- Clientela: aún más guiri y borracha que los empleados.
- Servicios: libre albedrío en la apertura de puertas, duplicidad de números de habitación (por lo que existe una puerta interior que comunica las dos habitaciones con el mismo número), limpieza a deshoras (equipo de limpieza al mando de Katalinen), bichitos en los rincones, enchufes al lado del interruptor cercano a la cama (para posibles crisis, podrías elegir entre hacer balconing o equivocarte al dar la luz y morir dignamente), cocina totalmente equipada,…
- No olvides llevar: camisetas viejas para usar como funda de almohada, para asegurarse un sitio donde apoyar la piel, y envolturas de plástico para forrar la habitación y poder hacer uso de ella.

4.- Comer: en ambos viajes me di cuenta del juego que da el pan Bimbo y los paquetes de fiambre. Combinado con unas lonchas de queso puedes elaborar auténticos manjares playeros o un picnic de vuelta a casa que acabarás comiendo en un descampado mientras grabas en vídeo tipo Callejeros. Importante, no dañar la envoltura de los alimentos, puede ser muy útil para no tocar por nada del mundo el mobiliario del Escaló.

5.- Desplazamientos: corroborar la cercanía del alojamiento a los lugares de interés y facilidad de moverse en transporte público. Cuando para coger un autobús lleno de guiris borrachas que debería dejarte en el lugar de festejos, tardas 40 minutos, en vez de en Pachá acabas pa´choped…

6.- Si en un desplazamiento se te rompe una chancla, puedes solucionar temporalmente el problema usando una goma del pelo.

7.- Si tu mayor ilusión es ver a Guetta y a Carl Cox, no vayas de jueves a domingo. El primero te pilla aclimatándote el jueves en el Escaló y el otro va los martes.

8.- No ir malito a los sitios, porque ni te comes los manjares de pan Bimbo a gusto ni te saben bien las CocaColas de 12 euros de Amnesia.

9.- Unido a no ir malito, aconsejo no ir en días festivos. Huelva, lunes 3 de agosto, consigues aparcar el coche, te diriges andando al hotel, ves una calle llamada “Calle del Tres de Agosto”, prosigues tu camino, te das cuenta de que necesitas Tampax, Carrefour cerrado, droguería cerrada, farmacia cerrada… Y caes en que si hay una calle llamada “Tres de Agosto” y es 3 de agosto… será que es festivo! Efectivamente, las fiestas Colombinas de Huelva.

10.- Retomando los horarios, esta vez de vuelta… Atrápalo jugándonosla de nuevo… Abandonas el Escaló lo más temprano posible, como alma que huye del diablo, paseas las maletas por todo San Antonio, te vas a Ibiza abandonando las maletas en una consigna regentada por una señora parecida a las de los anuncios de Malibú (te despides de las maletas, por si no las vuelves a ver), comes y haces el intento de hacer turismo. Turismo, en Ibiza, en agosto, a las 5 de la tarde…? muerte de mi cámara de fotos, grabamos un último vídeo y también muere la batería de mi móvil. A falta de 7 horas para que salga el avión, puedes comer unas pizzas, ver los mercadillos o, lo que hubiese sido una gran opción, irte a BoraBora a calmar la espera.

11.- Y sobre todo, el consejo más importante, ir con buena COMPAÑIA que haga olvidar todas las desventuras que pasen durante tu viaje y con las que echarte unas risas cuando lo recuerdes.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Ya no es lo que era...

Añado una entrada nueva para anunciar que hoy es un gran día para mi futuro. No, no he terminado (por fin) la carrera; no me ha salido un trabajo decente (decente para esa gente que afirma muy dignamente: "no he estudiado para ser dependienta"... ni yo, bonita, pero por aquello de ir ganándose la vida); ni me he comprado un piso ni nada de eso. El hecho que me lleva hoy a la escritura es que me han dado la tarjeta de compra de El Corte Inglés!

A partir de hoy, comienza a gestarse un mí una "Señora" en toda regla. Hay muchas señoras, y más ahora que Facebook ha dado rienda suelta a la definición de múltiples tipos de señoras (de hecho, estoy segura que la que voy a narrar a continuación ya está descrita en algún grupo de esos). Decía, hay muchos tipos de señoras, pero la señora que posee la tarjeta de cmpra de El Corte Inglés es un ser superior, o al menos eso se creen ellas. Son seres que se creen con una preferencia especial por llevar 50 años con el trocito de plástico blanco y verde (sería muy recomendable actualizar también su formato, al igual que el de los clientes), y quieren que por ello les trates como si fueran VIP, o usan ese argumento para amenazarte cuando les llevas la contraria en algo: "que yo soy clienta de toda la vida, me vas a decir ahora que los arreglos se cobran?" Sí, señora, aunque usted no lo haga, el mundo evoluciona. Qué categoria da la dichosa tarjeta; yo tengo la de Mango o la Affinity y ya puedo ir al Zara diciendo que tengo la tarjeta, que me van a seguir diciendo: "lo que hay fuera" cuando les pida la talla de algo.

Por otro lado están los maridos de las señoras que poseen la tarjeta de compra de ECI, seres peculiares también. Ellos suelen hacer más hincapié en que son los primeros que tuvieron la tarjeta.Si se juntasen todos los que dicen eso, habría una disputa por saber quién fue realmente el primero, que, por edad, podría ser cualquiera. Podrían haber conocido, incluso, la tarjeta de los mercados de Trajano donde se comerciaba en la Roma Imperial.

Volviendo a los hechos, no sé cómo ha llegado hasta mí la tarjeta. Ni siquiera recuerdo haberla solicitado, pero el caso es que esta mañana aparecía en mi correo una carta de la Financiera de El Corte Inglés que me comunicaba que podría pasar por cualquier centro a recogerla. Curioso el afán de esta gente por empeñarnos hasta las cejas, puesto que te la fabrican en el momento (digo yo, porque si puedes recogerla en cualquier centro no va a ser porque se hayan dedicado a enviar tarjetas con tu nombre a todos). El caso es que, haya llegado como haya llegado, la fabriquen como la fabriquen... es una putada en forma de tarjeta. Mucha gente asegura que viene muy bien para una emergencia, que es gratuita, que te da derecho a promociones... pero lo mires como lo mires, es un compromiso que te creas de por vida (ya que te la dan, cómo rechazar la posibilidad de fardar dentro de unas décadas sobre la posesión de la tarjeta). Como pasa siempre, piensas: "no la voy a usar, pero la tengo ahí por si acaso", mentira! Al final acabas cayendo, pasas por delante de algo que te gusta, te quedas mirándolo con ojitos de caramelo chupao y dices: "bueno, lo pago con la del Corte, que total, me lo pasan dentro de dos meses", pensando que esos dos meses nunca pasarán. Y pasan, y te vas convirtiendo cada vez más es una de esas señoras de las que antes hablaba.

Un aspecto que, sin venir mucho a cuento, me trae a la memoria la tarjeta, es mi infancia. Cuando desayunando a las 8 de la mañana colaban, entre Los Frutis y David el Gnomo, algún anuncio de La Tienda en Casa. Te vendían cosas absurdas (eso no ha cambiado, lo último que recuerdo haber visto anunciado es un audífono que, aunque dicen que nadie notará que lo llevas, parece que te vas con el inalámbrico a todas partes), y al finalizar decían: "puede efectuar el pago contrarrembolso, con tarjeta, o con la tarjeta de Compra de El Corte Inglés". Vamos, que interpreto La Tienda en Casa era otra sucursal del imperio que se está montando Isidoro Álvarez.

En fin, no sé si acabaré usándola, rompiéndola o atormentando dentro de unos años a jóvenes estudiantes de periodismo que estén ahogando sus penas en el arte de la venta. El caso es que, desde hoy, poseo el mismo "arma" del que presumen las Señoras, señoras que dirían: "ya le dan la tarjeta a cualquiera"...
Sí, señoras, y es que "El Corte Inglés ya no es lo que era".

lunes, 31 de enero de 2011

Desorientación nocturna

Segundo paso tras crear un blog y haber escrito la primera entrada, en la que cuentas dos chorradas y te quedas tan a gusto: continuar con el blog. Continuar con el blog, con tu vida laboral, social, privada y, en el caso de los eternos estudiantes, como yo, con la vida estudiantil. Para no coger pereza y acostumbrarme al bonito hábito de la escritura sin sentido alguno, voy a narrar mi variopinto fin de semana.
Fin de semana, según la Wikipedia,  "son los dos días últimos de la semana (sábado y el domingo) en los que normalmente se descansa y no se trabaja. Algunos trabajan el sábado, pero en España es obligatorio disponer de 1,5 días mínimo de descanso semanal. Para este caso se trabaja sábados alternos o solo sábado por la mañana, cuatro horas". Empezamos mal, El Corte Inglés de Preciados ha creado una "especie" (de la cual formo parte) que no tiene muy claro cúando empieza la semana y que ni siquiera tiene constancia de que dicha semana se acabe alguna vez. Del descanso ni hablamos, porque hay semanas que de esos 1,5 días me falta el 0,5... Pero bueno, no vamos a entrar en temas laborales.
Prosigo entonces. Llegado el viernes (mi 1,0 día de descanso esta semana) por la mañana me dispongo a cerrar gestiones en torno a regalos gratuitos (historia que contaré más adelante, que está demasiado reciente como para hurgar en la herida), salgo de casa con una bolsa llena y vuelvo con la bolsa vacía, vacío compensado por un chute dinerario en la tarjeta. Vacío también el el estómago, haciendo hueco para las típicas legumbres que mi abuela me prepara en mi día libre. Reposo post-lentejas. Y, por fin, cae la noche. Tras una breve espera, en la que me entero de cosas como que hay gente que escucha la Biblia en el mp3, estamos todos. Nos dirigimos a La Cosa Nostra (garito cercano a la Plaza de Santa Ana, muy recomendable para tomarse unos cócteles en un ambiente tranquilo), sitio al que mi rubiales tenía pendiente llevarme desde hace dos años, cuando me decía que me iba a llevar a muchos sitios y yo pensaba: "llévame al huerto, coño!". Por tanto, cóctel, unas fotillos para demostrar que tenemos vida social en las redes, invitación por parte del cumpleañero, vuelta al coche, sablazo en el parking de Sevilla y continuación de la fiesta en casa de un amigo. Tarta de cumpleaños tras los cócteles y, por aquello de que tras lo dulce apetece algo salado, aceitunas, espetec y guarrerías varias. Nos situamos en la 1 de la noche, y da comienzo el juego: "Sí, Señor Oscuro". No es ninguna movida sexual ni nada por el estilo. Es un juego de cartas que, a simple vista puede parecer una frikada, pero con el que te puedas echar unas risas curiosas. Fin del juego, fin de la noche, y "pa las casas" a dormir un par de horitas.
Sábado, ese día en el que, según la Wikipedia, comienza el fin de semana... ¿Por qué tardamos tanto en arreglarnos a veces cuando, con tal de apurar minutos en la cama, una es capaz de arreglarse en poco tiempo e ir monísima de la muerte a trabajar? Pues porque todo tiene su aquel, a lo largo del día esa una se va pareciendo cada vez más a la carroza de la cenicienta, acabando como una calabaza vieja y arrugada (es increíble la buena cara con la que te levantas los días de dormir poco, que te ves estupenda, y lo poco que dura el efecto!)... El sueño, el cansancio y la clientela "sadope" pueden llegar a deteriorar mucho. A pesar de todo, y con dos cojones, dan las 6 de la tarde, sesión de capa y pintura en los baños de las taquillas mientras las de al lado piensan: "por mucho que te pintes, la cara de yonki no te la quita ni Dios", y a proseguir con las celebraciones. Esta vez el destino es un local aclimatado para la situación. Contrasta el cambio de situación, del trabajo al tubo gris que atraviesa Madrid por debajo de la tierra, y del tubo gris a un local abarrotado de humo, música alta y gente medio borracha. Al final una se va animando, más fotos para las redes sociales. Limpieza exprés del local, y vuelta a casa a una hora medianamente decente. La cama me esperaba ansiosa. Pero, dado que la descripción de la Wikipedia acerca del fin de semana nos auguraba mal asunto, no iba a ser tan fácil recuperar las horas de sueño que el "Señor Oscuro" me había robado el viernes. Llamada de mi hermana, que tengo que hacer de portera cuando lleguen. Leves pensamientos pre-sueño sobre quedarme despierta esperando, lo siguiente que recuerdo es la mañana del domingo...
Domingo, día del Señor dicen... del que vive como un señor, será! A lo que vamos, que nadie sufra por mi hermana tras ese lapso de tiempo que no recuerdo. Al parecer a eso de las 3 de la mañana me dieron un toque, les llamé amablemente para comprobar que habían llegado y hasta les abrí la puerta! Por tanto, todo el mundo a salvo, sueño recuperado parcialmente, elevación del tiempo disponible para maquearse, ya que hay peor cara, pero resultados más duraderos y sin necesidad de pasar por las taquillas a media tarde.
Día peculiar, como todos los domingos por el centro, que se llena de gente rara, de la que no se ve el resto de días de la semana. Y, como todo llega a su fin (la semana para algunos, el sueño para otros, etc.), también lo hizo el fin de semana.
Conclusión y evaluación de los tres días:
1) La falta hace ese medio día libre que me descuadra esta semana.
2) La diversidad de planes, situaciones, y personas, y lo bien que me lo he pasado.
3) La capacidad de hacer de un sólo día tu propia semana, y que cuando llegue la noche sea tu propio "finde" particular.
4) La incapacidad de orientarme cuando llega la noche; descubierta cuando, al pasar el viernes a las 12 de la noche con el coche por plena Avenida Complutense, una servidora que cursa séptimo curso de periodismo en la Universidad con mismo nombre que la Avenida, dice con plena convicción: "Por aquí pasamos un día...". (No juzgarme demasiado: Miopía + Nocturnidad + Ser de fuera...)
5) Que son la 1 de la noche, me encuentro en pleno fin de semana particular, y en vez de recuperar sueño me hallo escribiendo un blog.
Feliz nocturnidad.

viernes, 28 de enero de 2011

Se veía venir...

Y he llegado... Tras innumeables días de aburrimiento, de lluvia, de libranza, etc., en los cuales me ha pasado por la cabeza coger ordenador y ponerme a escribir, puedo decir que estamos de estreno.
¿Será que detrás de esta vendedora de ropa para "gorditos", en el fondo, hay de verdad una inquietud periodística (por aquello de estar estudiando algo así...)? ¿Será que cada vez que me meto en Infojobs y hay una oferta en la que piden tener un blog, pienso: "me tengo que hacer uno"? ¿Será que me pasan cosas muy curiosas de vez en cuando y siento la necesidad de contarlas? ¿O será que me aburro mucho...? Sea por la razón que sea, he creado este blog de temática indefinida, de variedades, podríamos decir. Y es que, ¿qué se puede esperar de una persona a la que se le cae un zapato a la vía del metro y se va descalza a su casa? Pues muchas cosas.