miércoles, 18 de enero de 2012

Un Secador en la Maleta: "Berlín"

Siguiendo la serie de aventuras en viajes que me he montado, esta vez aterrizamos en Berlín

De milagro, porque ya anunciaba una servidora esa mañana de Diciembre que la maldita niebla nos la iba a jugar. Si llegamos a hacer como Alaska, que se mete un chute de lo que se meta para dormirse durante los vuelos, podríamos haber despertado al cabo de las 3 horas y pico que dura el vuelo Madrid-Berlín y la situación hubiese sido la misma que la del principio. Menos mal que las Navidades vienen cargadas de productos típicos y la gente lleva turrón hasta en los aviones, eso sí, tras acabar con todas las reservas de bocadillos que Vueling puede llevar en un avión.

Después de aguantar 3 horas las idas y venidas del piloto, que para hacerle el lío a nuestra mente planteaba rompecabezas como “la hora estimada de despegue es dentro de una hora”, al cabo de 30 minutos “ha aumentado la demora, 1 hora más”, a los 20 minutos “vamos a despegar 15 minutos antes de lo previsto”,… entonces, como si de un problema de matemáticas se tratara, en el que un pastor tiene 15 vacas, vende 5, compra 8, mueren 4 y al final al hombre le toca la lotería y se retira. Pues eso, que como si de un problema de estos se tratase, ves que te han tenido liada 3 horas.

Entonces se da el milagro, y aquello anda… anda, anda, anda… vamos, que yo llegué a pensar que estábamos yendo por carretera, lo cual me daba hasta más seguridad. Pero no, despegamos, nos tomamos el colacao y a dormir. Otras 3 horas, las mismas de parón, estamos en el aire manteniendo el tipo mientras te quedas dormida con la boca abierta y das cabezazos, la cosa más sexy del mundo, vamos, que yo no entiendo cuando dicen con toque picarón: “uooo, no te quedes dormida, a ver si te van a hacer algo… ;D”, a ver, alguien se ha fijado en la imagen lamentable que damos cuando nos quedamos sobados en los transportes públicos…? Pues eso, no necesita más explicación.

Y por fin llegamos a Berlín, a algún punto de Berlín… y es que, por si la niebla no nos había jodido ya lo suficiente, tenía que dar la traca final y hacer que nos soltasen en un aeropuerto aleatorio. Menos mal que somos chicas de recursos, aventureras natas, unas luchadoras de la vida,… y cogimos un taxi, cual Preysler. Aunque para Preysler el caniche gruñón reencarnado en señora que esperaba la cola por el lado contrario (la del taxi, ojo) y que, para no olvidar esta nuestra tierra, para demostrar que el vuelo llegaba cargado de españoles, nos gritaba a las 3 de la mañana como cuando llegas borracho a casa y está tu madre levantada con el camisón y los ojos pegados. Dicha elementa, la señora, nos gritaba que nos estábamos intentando colar.

Qué problema hay en España con las colas, es ver una cola y ya la estamos liando (explicación del triunfo de Lequio o Dinio, entre otros). Fuese cual fuese la razón de esta señora, no nos intentamos colar, nos colamos, sin intento.

Tras dejar atrás a las de la López Ibor, nos montamos en el taxi que nos iba a dejar en nuestro maravilloso hotel cuya estampa de bienvenida fue lo que parecía una célula terrorista de árabe-coreanos que jugaban a las cartas en una mesa de la recepción. Ahí es cuando recuerdas lo de que las estrellas de los hoteles son muy relativas. Pero bueno, era solo un elemento más para la noche que nos había salido torcida, el hotel finalmente resultó ser aceptable.


East Side Gallery y su metáfora sobre cómo llegamos... destruídas, pero llegamos...

Y superada esta prueba, la llegada, cuatro días de frío, caminatas, cervezas y salchichas que nos os voy a contar con detalle, que eso es para los abonados. Eso sí, unos consejitos por si os da por encaramaros a un avión para acabar en esta ciudad:

-    No contentos con la experiencia histórica, parece ser que esta gente tiene afición por el gas. Ojo al comprar agua porque parece ser que si aquí tenemos excedente de champú de caballo (y para el que no lo pille, que se lea mi entrada anterior), allí aún les sobra gas y lo meten en el agua.

-    No revelar nunca tu ubicación, y menos si te llaman de tu banco y te encuentras en mitad de un campo de concentración. Decir: "es que me pillas en un campo de concentración" fuera de contexto no tiene mucho sentido y además, con eso no vas a conseguir que te bajen las comisiones…

-    Si el perro de Heidi, es decir, la niebla, te ha intentado boicotear el viaje, es normal que luego tengas traumas. Te acostumbras a que los transportes no salen a su debido momento y claro, te montas en el cercanías y cuando te estás quejando de que ponía que en 3 minutos salía, resulta que ya te están diciendo que has llegado al destino.

-    Si vais en Navidad y veis una plataforma gigante llena de luces, girando, con camellos, gente que lleva oro y, dicen, incienso, uno descamisaó con los pelos largos en lo alto,… no es un garito, son los belenes giratorios que parecen ser típicos de la zona. De todos modos, si hay un elemento clave por el que te darás cuenta de que eso no es un garito, es que hay una virgen, ese personaje histórico que terminará desapareciendo, como los dinosaurios, ya que ver una es cada vez más un hecho insólito.

-    Si no vas a Berlín porque crees que sólo hay cervezas, salchichas gigantes y rubios tamaño 4x4 (que digo yo: “vaya problema…”), y optas por la modalidad de vuelo Ida/Vuelta Todo en 1 de Vueling (modalidad: te montas durante 3 horas, te bajas y sigues en Madrid), no sabes lo que haces.

Y cuando ya te vas soltando con el alemán (y con el idioma también), toca volver. Consejo de última hora, hay una ley, creo que se llama la Ley Chenoa, que dice que, si algo puede salir mal, saldrá mal. Si llevas 4 días de gloria en Berlín, te manejas los transportes cual autóctona, te ha dado tiempo a ver de todo y hasta te permites el lujo de encajar planes de última hora momentos antes de coger el avión,… agárrate, algo falla.

Efectivamente, con tanta coordinación y tanto plan perfectamente encajado (como la espada del Rey Arturo y otras cosas) hasta has acojonado a los alemanes, y deciden joderte el metro y comentártelo en alemán. Menos mal que siempre te quedará la táctica del taxi, que consiste en coger uno.


East Side Gallery, yo creo que esta pintura tiene algo que ver con los españoles y las colas...

 Ahora sí, en el aeropuerto, vuelta a la realidad. Vuelven las colas, vuelven los problemas. Señoras disfrazadas de gente educada por aquello de llevar un visón que te hacen adelantamientos por la derecha en un carril de aceleración improvisado, listillas que creen que no te saltas las normas porque no sabes, no porque seas civilizado, y demás especímenes poco acostumbrados a las colas (normal, con esas caras…).

Menos mal que no nos podíamos ir con mal sabor de boca y aun nos quedaba pasar el control, donde te desnudas (bueno, va, sólo te quitas las botas, pero con ganas te quedas de quitarte más al ver individuos como el que vengo a describir), y está ese alemán de los que impactan (de momento, a primera vista, no sé qué más impactos podía hacer, porque sólo era un control). Tú pasas, dejas ahí tus cosas, te mira, le miras, te mira, le miras,… piiii piiii piiii, y ahí tienes a tus amigas pitando por el arco de seguridad, con sus pertenencias amontonándose en la cinta andadora mientras les registran y tu te dedicas a otros menesteres.

El caso, que como los muertos, que vuelven a la vida cuando tienen asuntos pendientes, va a ser que hay que volver a Berlín…

Y, aunque no tenga nada que ver con el idioma, como diría David El Gnomo (expresión que yo estoy convencida que significa “que se te caen las bragas” > Slip Bye) Slitz Bye!!

sábado, 14 de enero de 2012

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jueves, 12 de enero de 2012

La dieta de la felicidad

Transcurridos apenas 10 días de enero, un gran porcentaje de la población española ya está haciendo mal las cosas. Efectivamente, vuelvo a no hablar de política, hablo de vosotros, de la gente normal que curra para ganarse los euros, de la gente normal que dice odiar las Navidades, de la gente normal que luego se pasa el mes de diciembre celebrando que Jesús nació… o fue cuando se murió…? Bueno, celebrando que nos vamos a poner como el kiko a base de cochinillos y cucarachas de mar, que nos van a traer cosas los Reyes (que cuando nos enteramos que nuestro novio nos engañaba bien que le dejamos, pero te pasas los primeros años de tu vida pensando que los Reyes existen y cuando te enteras de la verdad no he visto yo a nadie que se pille tal cabreo como para decir: “no me regales más, estoy muy dolida!”). En fin, que sí, que somos gente normal y lo seguiremos siendo mientras la sigamos cagando nada más empezar el año.

Le daré una tregua a lo del fin del mundo, no vaya a ser que sea una falsa alarma a lo teléfono escacharraó, y en realidad no sea que los Mayas hayan anunciado el fin del mundo sino que “las payas hayan anunciado el fin del hurto”, y supondré que vamos a tener unos cuantos eneros más en los que poner en práctica mis consejos.

La idea de que lo hacemos mal es muy sencilla, y es que no han terminado de salir los Reyes Magos del portal cuando ya estamos planeando la lista de propósitos que empezamos “mañana mismo” y que, con tanta ilusión que los planeamos, no nos estamos dando cuenta que van a ser la maldita causa de todos nuestros males y frustraciones a lo largo del año.




Empezamos el año con la frase más absurda que se ha creado en la vida: “Año Nuevo, Vida Nueva” (que yo sepa, la vida es la que llevamos acumulando algunas 25 años, otros 30, otros 13,… y no nos la recargan cada 1 de enero… al revés, nos la van desgastando).

Como cuando sales de fiesta con muchas ganas, que luego pasas una noche de mierda, esto es igual. Empiezas el año con todas tus ganas de dejar de fumar, de ahorrar, de ponerte pivonazo, de terminar la carrera (esto a la gente normal le suele pasar durante un enero de su vida, a otras se nos repite como si fuese un dejavú constante), o, para los más atrevidos, echarse novia y otras formas de suicidio.

De momento, el día 1 estás borracho y comiendo churros a las 11 de la mañana, la dieta y el abandono de otros vicios tendrán que esperar. Es festivo, por lo que no te puedes ir a apuntar al gimnasio, ejercicio físico, a la espera también.

El día 2 vas recuperando la cordura y ejerces la dieta a base de la resaca que tienes que no puedes ni comer, es decir, dieta forzosa.  El 3 ya te ves fuerte y a la que vuelves de comprar los regalos de Reyes, te apuntas al gimnasio, te acaban de hacer la envolvente y has pagado una cuota anual de la cual no vas a amortizar ni la toalla que te han regalado. Muy bien, vas por el buen camino de la belleza, pero has olvidado algo… lo de ahorrar. Caes en ese error, y es tal la culpabilidad que te hinchas a comer… a día 3 y ya estás hundido en la miseria.

El día 4 comienzas otra vez tus propósitos: “venga, hoy sí que sí, empiezo” Y efectivamente, no gastas, porque no te queda ni un euro, y no comes, porque tienes indigestión del día anterior.

Los días 5 (los de la rima muy bien, muy hábiles) y 6 abandonas la dieta porque hay que comerse el roscón, que es tradición… claro, también es tradición que si te encuentras el haba que viene dentro, pagues, y yo no veo pagar a nadie. Otra muestra de lo malquedas que somos y lo que nos gusta prometer cosas que no vamos a hacer.

El caso, que llegamos al día 7, el día 7 va a ser el nuevo día 1 de enero. Este es el verdadero origen del universo, quitamos la decoración de burdel que tenemos en las casas (a nivel de poblaciones la cosa va más lenta, que vas en marzo por la calle y no sabes si es que te han puesto una “sauna” nueva en el barrio o es que son resquicios de la luces de Navidad), los que han tenido vacaciones de Navidad, se afeitan, se visten de persona seria sin esos gorros que se ha aficionado a llevar ahora la gente con la simple excusa de que es Navidad,…En resumen, comienza la vida de verdad, y te pones serio con el listado.

Lo que no sabe ese listado (tú sí, porque todos los años lo haces) es que 15 días más tarde va a ser abandonado, para volver a ser rescatado un año más tarde. Al final, entre los cumpleaños; la Semana Santa; los puentes; el salir; las vacaciones; las multas que te llegan porque tú, que no sueltas el coche ni para sacar al perro (hecho verídico, en mi barrio hay uno que saca al perro en moto), has interpretado que lo de salir a correr era con el coche; las cañas; las tapitas del bar;… entre todo eso, ni pierdes kilos, ni ganas dinero ni te conviertes en esa persona imaginaria que alberga en tu mente.

Y es que al fin y al cabo, ¿qué son los propósitos? Lo que nos gustaría ser en realidad, y nos la sopla por completo que sean cosas realistas o no. Nos da igual tener la experiencia de no sé cuántos años anteriores. Nos da igual que tengamos 30 años y ya no vayamos a crecer más porque el crecimiento se te ha detenido casi una década atrás, nosotros queremos ser más altos, más guapos (y para eso, un secreto, no hace falta esperar al 1 de enero, te vas a la Clínica Menorca cuando te plazca y te hacen un apaño) y más listos. Y como no lo conseguimos, porque sabemos que nunca hemos tenido fuerza de voluntad ni tiempo para ir al gimnasio, que no nos vamos a resistir a comernos la tarta de tres chocolates que hace nuestra madre, que no vamos a dejar de fumar porque otro de los propósitos era ser mejor persona y el mono te pone de mala leche,… pues nos frustramos, y pasamos el resto de año lamentándonos por ello.

Entonces, propongo yo lo siguiente: ¿por qué no hacemos como el rey que aparece en el libro de “El Principito” y nos proponemos cosas razonables? Y es que, si le pedimos al Sol que se apague y no lo hace, ¿de quién es la culpa? ¿Del Sol, por desobediente? No, nuestra, por pedir cosas imposibles.



Que lo de “seamos realistas, pidamos lo imposible”, está muy bien para una revolución. Que como dicen Maldita Nerea “los imposibles también existen”. Adidas, con su “Impossible is nothing”. Pero señores… para una cosa que nos proponemos de verdad como aliciente para la vida, no le pidamos peras al olmo.

Y una vez que tengamos esos propósitos razonables delimitados, ¿por qué no los incorporamos a nuestra vida cotidiana? En vez de intentar ser mejor persona a partir del 1 de enero, actúa como tal todo el año; en vez de proponerte hacer deporte para la operación bikini, prácticalo todo el año; en vez de agobiarte por el dinero en enero, ahorra todo el año; en vez de intentar abandonar los vicios tras la Navidad, no lo hagas durante el año;... y hasta aquí, porque también hay que vivir.

De todos modos, no te sientas mal si has caído en este error de los imposibles, las estadísticas demuestran que no estás solo. En estos datos se muestra  que en enero cae la venta de tabaco, aumentan las altas en los gimnasios, aumenta el número de divorcios, las consultas de los endocrinos se llenan,…

Y es que al final esto es un bucle, los propósitos nos hunden a mitad de año, pero en diciembre resurgimos como el Ave Fénix y la ilusión con la que vuelves a decir las mismas tonterías que hace un año provocan sobre los propósitos ese efecto que dicen los del Atletico de Madrid, que “te matan, te dan la vida”.

Y sobre todo, no olvidéis que, si hay un propósito que está al alcance de vuestras posibilidades, ese es leerme!!

martes, 3 de enero de 2012

Los cafés que no nos dimos


Si hay algún negocio que para nada debe haber notado el asunto de la crisis, es más, se debe estar beneficiando, es el bar en el que la gente queda para tomarse los cafés de “a ver si nos tomamos un café”.

¿Quién no tiene una lista de cafés pendientes? Cuando nos vamos de un trabajo, cuando nos encontramos con gente a la que no vemos hace tiempo, cuando nos cruzamos por las escaleras con la vecina del primero con la que solías mantener una amistad,… cuando hay encuentros, en general, tenemos la manía de decir: “nos llamamos y nos tomamos algo”, ¿por qué mentimos? Si queremos tomarnos algo, nos llamamos y nos tomamos algo, no hacemos la solicitud previa y publicación en el BOE.

Decía que ese bar de “a ver si nos tomamos un café” (ojo, que no “haber si nos tomamos un café”, que ya llevo varias entradas haciendo campaña contra esta patada lingüística), pues eso, que decía que se ve beneficiado porque en épocas de crisis la gente es despedida, por lo que tiene que dejar atrás a los compañeros de trabajo, y esto se retroalimenta en que, como están aburridos en sus casas, deciden proponer “cafeses” a diestro y siniestro, que alguno colará.

El café… ese elemento de unión entra las personas, que a mí me pone tan de los nervios (el café, no la unión entre personas, de hecho me parece muy bien la unión entre personas), esa excusa para quedar con alguien o intentar retomar una relación, incluso para comenzarla. El café, con tantas modalidades, cada una con personalidad propia, como dice Clooney (a este pronto le íbamos a rechazar un café… ya, ya…).

Precisamente podríamos clasificar a las personas que proponen cafés al igual que las variedades que existen de estos:

-          Irlandés, que lleva alcohol. Típica persona que te encuentras en estado ebrio y te demuestra la ya conocida “exaltación de la amistad”, que no tienes, y te propone uno de esos cafés.

-          Solo, pues eso, que está más solo que la una. Y que al igual que cuando la gente se entera que no tienes novio resulta que tus fotos del Facebook son las más chulas de la red, en un afán de modificar el “Me Gusta” por “Me Gustas”, pues lo que digo, que al igual que hacen esto, los personajes solitarios proponen cafés.

-          Con leche, probablemente, también esté solo… mejor no pensarlo.

-          Bombón, con ese sí quedas, eh…

-          Descafeinado, esta gente que no te aporta nada, que de verdad tiene ganas de quedar, o no, qué sabemos, pero que ni fu ni fa.

-          Cortado, que en un momento de euforia te propone un café pero cuando quieres materializarlo se echa para atrás por el miedo escénico.

-          Tostado, esa gente que no se entera de nada, y para salir del paso de su torrija van proponiendo cafés.

Ese bar del que os hablaba al principio ya se forra cuando la gente dice “hablamos para tomarnos una copa” y hasta da cenas. Todas estas intenciones son de los creadores de “A ver si te llamo” y “A ver si nos vemos”. Por favor, compañías telefónicas imaginarias y gafas sin cristal para todos.

El caso es que al igual que dicen eso de “de cobardes están llenos los cementerios”, digo yo que de valientes están llenos los bares de verdad, de esa gente que materializa la intención de quedar y no deja cafés en el limbo, que debe parecer eso un Starbucks. El Starbucks, por cierto, es de gente valiente, solo hay que hacer una comprobación un domingo por la tarde, sea la hora que sea, queda con tus amigos e intenta buscar un hueco en esta cadena de cafeterías, recorre varios kilómetros a la redonda y barre la zona de Madrid centro, no hay más que valientes.

Asique, con esto quiero deciros que os dejéis de tonterías, que dejéis descansar a la cafetería de “Las Intenciones”, como podría llamarse, que si de verdad queréis quedar con alguien lo hagáis, y que si es un decir no lo digáis, que ya está muy visto, y que los cafés imaginarios ni alimentan ni quitan el sueño a nadie. 

Y para terminar, un mensaje para George... Clooney, a ver si nos tomamos... unas confianzas.




jueves, 29 de diciembre de 2011

Feliz Año Viejo (porque ya están muy vistos, y de nuevos no tienen nada)


Y si era típico escribir una entrada felicitando la Navidad, lo que “Dios manda” ahora es felicitar el año, ¿no? Pues que no mande tanto y lo pida “por favor”.
 
Pues eso, hoy vengo (no es que venga, porque ya estoy aquí, pero es un decir) a hablaros de los errores, con mención especial a Remedios Cervantes, que tras cagarla en varios concursos de televisión va a hacer cierta la frase de “va a ser peor el Remedio que la enfermedad…”. En fin, creo que los errores son un buen tema ahora que acabamos el año, para delimitar el asunto y saber qué cosas no tenemos que hacer en el año que entra, corto, porque sabemos que se acaba, y al que creo que llegamos tarde, porque de nada nos va a servir remendar nuestros errores ante el fin del mundo, pero por aquello de morir en paz.
 
Empecemos por el final, o por el principio, como lo veáis. El primer gran error que cometemos al empezar el año es que lo empezamos igual que lo acabamos. La continuidad de las 23:59 horas del 31 de diciembre con las 00:00 del 1 de enero del año siguiente es tal que lo mismo que en un momento nos estamos comiendo las uvas, al segundo siguiente, ya en enero del año próximo, te estás atragantando y muriendo de la forma más tonta. Por tanto, primer error: las uvas. No nos engañemos, señores, las famosas uvas de la suerte no son más que un excedente de cosecha de primeros de siglo, al igual que lo es actualmente el champú para caballos que nos intentan vender diciendo que con él te crece más el pelo, es lo mismo, las uvas no dan buena suerte, las uvas te joden la existencia desde el mismo momento que te sientas a la mesa y tienes que dedicar gran parte de tu cena de Nochevieja a pelarlas y sacarles la gracia para poder comértelas luego a gusto. Para eso, digo yo, comamos otras cosas que no haya que pelar y que no nos entren por mal sitio. Es más, si confiamos nuestra buena suerte en las uvas y nos va como nos va… algo estamos haciendo mal.
 
Segundo gran error frente a cada año nuevo que entra: que entras con mal pie, ebria y con tacones. ¿No sería más lógico cenar una sopita y un pescadito a la plancha, como cualquier noche, ponerte tu pijamita y meterte en la cama para descansar y empezar el año nuevo con todas las fuerzas del mundo? No, hay que empezar vestidos cual gitanos, los chicos con trajes que no se han puesto en la vida, y que algunos visten con más gracia que otros (aunque para gracia, estos que parecen haber sido asesorados por la mujer del futuro de Neutrex y llevan unos atuendos así como tirando a plateados) y las mujeres con sus “mejores galas” de palabra de honor, rasos imposibles, brillantes de “Swbaratosky”, terciopelos “vintage” (por aquello de calificarlo de alguna manera, aunque la palabra “terciopelo” ya conlleva una gran carga psicológica…). Y claro, para sobrellevar esas pintas, ¿qué haces? Bebes. Bebes, te lías la servilleta a la cabeza, cuentas cuatro chistes, la lías con las uvas y, si sobrevives al atragantamiento, ya estás en el año nuevo,  borracho. Desde ese momento estás desmantelando todos esos propósitos que hasta esa misma tarde creías tener muy claros (que componen el tercer gran error de todos los años): “este año dejo de beber”, “este año adelgazo”, “este año dejo de fumar”,… Dejaos de tonterías y preocupaos de las cosas importantes, ¿para qué queréis adelgazar, dejar de fumar, de beber, etc.? Para sentiros mejor no, para gustar más, pues tirar por el camino fácil y proponeos: “este año voy a mojar más”.
 
Bueno, pues ya hemos sobrevivido a las uvas, ya estamos borrachos y ahora toca lucir los gitanismos por ahí, asique tú, que eres un valiente, decides pagar 100 euros para meterte en un garito abarrotado de gente para jugarte de nuevo la vida y morir por avalancha, ataque de agorafobia o deshidratación por falta de bebida, que te tardan en servir 2 horas. Ahora está muy de moda decir “a mí cada vez me gusta menos salir en Nochevieja, si luego es la peor noche para salir, te gastas una pasta, es cuando menos rato estás por ahí, tardas un montón en pedir,…” un lumbreras es que haya descubierto esto… pero lamento comunicaros que la Nochevieja ha sido la misma mierda toda la vida lo único que os estáis haciendo mayores, o envejeciendo, como mejor os suene, y lo mismo que ahora no te motiva nada hacer botellón en la calle o ponerte a gritar frente a Justin Bieber, pues tampoco te motiva hacinarte en el New Guarramond o similares (aumentando así el porcentaje de carnes lozanas por metro cuadrado). Ahora lo que se lleva es abandonar el país (un consejo para aquellos que lo hagan: si te vas fuera de España a celebrar la Nochevieja, lo estás haciendo bien, no la cagues volviendo), irse en plan rural, ocupar casas ajenas o, mutación del sector de modernos, irse a las fiestas de Año Nuevo. Sea cual sea la modalidad de celebrar la Nochevieja, esta fiesta es más merecedora de llamarse Semana Santa que lo que viene luego por allá por Marzo o Abril. Nos pasamos el último mes y pico del año jodidos, jodidos por las deudas, los errores cometidos durante el año, porque vemos que se nos ha pasado otro año sin pena ni gloria… vamos, 40 días de Pascua, alimentados por la resaca de las cenas de Navidad, la decepción de la lotería que no toca… Tras los 40 días, una semana de gloria preparando los atuendos de calorro que te vas a plantar para culminar el año por todo lo alto, la comida, las uvas de la muerte (uys, de la suerte!),… llegando así la Nochevieja, que sería el Sábado de Gloria (consultar la Wikipedia para saber los componentes de la Semana Santa), Año Nuevo de Crucifixión y día 2 de Resurrección, cuando no te quedan más narices que ir a currar. Hablando de currar, un llamamiento a todos aquellos snobs que celebran Papá Noel, que se dejen de bromas, que si las vacaciones de Navidad empalman con las rebajas, ya bien entrado el año, es porque aquí se rinde culto a los Reyes Magos.
 

Y así, con los Reyes Magos, las Rebajas, la Semana Santa, la Semana Fantástica, los 8 Días de Oro, el puente de Mayo, las vacaciones de verano, el puente de Agosto, los días que te has dejado ahí para Septiembre, el comienzo del curso en Octubre (al que yo espero no asistir en 2012), el puente de Noviembre, y los 40 días de balance del año volvemos a encontrarnos en el mismo bucle. Se nos ha pasado el año y al hacer el famoso balance tenemos más DEBE que HABER (y “haber” no son esos cafés que “haber” si nos tomamos, de hecho esa gente son errores de cada año, si tienes amigos que te siguen poniendo eso en el muro de alguna red social en las que publicas tu vida, bórrale, es uno de los lastres que no te permite avanzar). Y claro, ese DEBE se nos hace un mundo y nos obsesionamos… “DEBE, DEBE, DEBE, BEBE, BEBE, BEBE,…”, efectivamente, BEBE, ya vuelves a estar en Nochevieja.
 

Como decía al principio, el 2012 tiene algo especial, y es que se acaba antes. No sabemos si va a ser como decían los Mayas, como un cambio de concepción del mundo, si va a caer un meteorito gigante y nos va a llevar a mejor vida a todos (excepto a las malditas ratas y las cucarachas), para otros el fin del mundo será que se colapse “Whatsapp”,… qué sabemos, habrá que esperar casi 365 días para saberlo. Hasta entonces podéis fantasear con que “mañana empezáis la dieta”, “la semana que viene os apuntáis al gimnasio”, “el mes que viene ahorráis”… asique no cometáis más errores de estos, y a vivir, que son 300 y pico días!
 

¡FELIZ AÑO NUEVO!

viernes, 16 de diciembre de 2011

Una entrada de rigor...


Hoy traigo una noticia buena y otra mala…

¡LLEGÓ LA NAVIDAD!

“¿Esa es la noticia?” os preguntaréis, “¿ Y dónde está la mala?” O “¿la buena?” Pues efectivamente, esa es la historia, que cada uno lo ve de una manera (como las láminas estás de los psicólogos, que en una mancha de pintura uno ve una teta y el otro ve un bolso… aunque, pensándolo bien, no es tan contrario… los dos pueden ser de plástico), el caso, que hay taannntas lecturas de una misma realidad…

Sabes que ha llegado la Navidad cuando:

- Ves las colas... de “Doña Manolita” (que cada año cambian de sitio, yo creo que para intentar dar esquinazo a la gente, esfuerzo realizado en vano, por cierto) alcanzan una longitud que escapa al concepto de “cola”. Si paseas cerca de la fila de personas que se forma a la espera de conseguir el boleto millonario, podrás presenciar varias peleas de señoras que, a falta de otro entretenimiento, deciden plantarse durante 4 horas en el centro de Madrid.

- Vemos al Rey de fondo dando el discurso, momento en que las abuelas preguntan si eso será en directo, momento en el que Juan Carlos hace de fondo de la velada, porque nadie le escucha, y que este año podrían echar por Tele Circo, porque con los líos familiares que se gastan en la Casa Real no sería de extrañar que les lleve a Sálvame. Ese hombre, con esa foto en la mesilla, que (volviendo a las abuelas) si grabasen a la mía para dar el mensaje de Navidad saldría con una foto no, 20, ahí todos los nietos en la mesa de cristal haciendo la comunión, las bodas,… todo un espectáculo.

- Los anuncios de colonias, juguetes y turrones. Los de Antiú Xixona que están sacando partido al anuncio original año tras año, que total, para que lo renueven como el de “El Almendro” mejor que se queden así… Y es que han modernizado mucho ese anuncio. Antes salía ese “vuelve a casa por Navidad” en una estampa idílica, ese hijo que regresa a las casas en estas fechas, y se mete en su chalecito con chimenea y ese padre que le recibe con los brazos abiertos. Ahora han puesto otro al que le veo lagunas: lo primero, muy realista lo de que estén esperando a los familiares en las estaciones, eso sí, peeero ojo, hay algo que falla, salen muy contentos. Lo más lógico es que por esas fechas Aena, los de Iberia, los de Renfe o alguno de estos haya hecho huelga y te esté fastidiando la vuelta a casa, si me grabasen a mí saliendo de una estación en pleno apogeo otro gallo cantaría. Otro fallo que le veo a esto es que los que llegan van muy abrigados, pero si vienen del transporte donde probablemente les lleven a 40 grados, esas bufandas y esos gorros a qué vienen?

- Plantan el Cortilandia, esto es signo inequívoco de que ha llegado la Navidad. Cuando requieres dosis extra de fuerza mental para meterte en el centro a lo que muchos dicen “ver las luces”,  pero si son las de todos los años que las intercambian entre las calles! Mi consejo es: mejor quédate buscando tus luces en casa, que parece que no tienes muchas.

- Empiezan a dar noticias absurdas en la tele. Para rellenar, como ya no saben qué más contar que no sean desgracias pues le ponen el toque navideño al asunto, con la mala suerte de que también son desgracias. Hoy salía en la tele que más de 57.000 personas se accidentaron el año pasado cortando el jamón (estos son los que salen a ver las luces al centro, fijo), o que un Santa Claus drogó la semana pasada a unas menores en Berlín (primero, no éramos nosotras, y segundo, habría que asegurarse de que ese no hubiese sido el regalo que habían pedido las menores, que tal como está el tema…). Conexión con Laponia, donde está Santa Claus (no sabemos si el de Berlín) con sus perros y sus nieves, que ese señor solo curra de año en año, y no para repartir juguetes, sino para grabar el reportaje).

- El balance del año, que siempre acabamos como este país, en negativo, y, como consecuencia, los propósitos para el que entra. Una cosa os digo, este año no esforzarse mucho que se nos acaba el mundo, y es tontería. Y total, si luego no se acaba, tampoco vamos a perder tanto, si luego nunca cumplimos nada.

- Las cenas de empresa, ese gran momento en el que la gente se transforma y vive una realidad paralela, como si no hubiese un mañana, y como si el lunes no fuese a llegar jamás. Pero llega, entonces es cuando tienes que dar la cara frente a esas personas que hacía unas noches estabas viendo con matasuegras, gorros y 5 copas encima.

Pero si hay algo por lo que sabemos que ha llegado la Navidad es porque se nos acaba el calendario… esa Hello Kitty que me ha acompañado todo el año, que yo esperaba encontrar disfrazada de Papá Noel en el mes de diciembre, y está vestida de caracol en una estampa plenamente primaveral (está hecho en china, fijo, qué esperaba…?). Hablando de chinos, un saludo especial para el chino que el año pasado, tras recorrer 20 establecimientos, desmontó el árbol que tenían de exposición, quitándole cuidadosamente todos los adornos y luces, porque era el último que le quedaba, y tras media hora de desmontaje aparece el camión con la reposición.

Asique, como os digo, a mí ya se me acaba el calendario, ya he tenido las cenas correspondientes, estoy peleando con Renfe para que no hagan huelga y poder llegar a mi casa-casa a ver al Rey entrevistado por Jorge Javier, estoy cerrando el ejercicio anual con pérdidas y solo espero no perder un dedo cortando jamón, asique creo que es oficial, que ha llegado la Navidad.

Para todos aquellos que lo tomen como buena noticia, Feliz Navidad, y para los que creen que es una mierda simplemente decirles lo que decía hace unas cuantas entradas, que todo pasa (y no es por desmotivar pero luego viene la cuesta de enero).

¡INFELIZ NAVIDAD!

martes, 29 de noviembre de 2011

Un Secador en la Maleta: "Riviera Maya"


Como no puedo dejar esto muy descuidado porque rápido me cambiáis de canal, o de pestaña del ordenador en este caso, voy a lanzar una serie de entradas que iré alternando con mis historias de temática aleatoria.

Esta vez me cuelgo la mochila, cual Jose Antonio Labordeta, y me dispongo a publicar una guía de viajes, a mi manera, claro.

Como pretendo resumir en el título de “la serie”, los tiempos cambian, no todos tenemos la misma pasta, el mismo tiempo libre ni las mismas necesidades. Entonces, mientras Labordeta se guardaba el país en la mochila y se ponía como el kiko hinchándose de todo lo que le daban de comer por ahí, la mayoría de los mortales vamos servidos con elegir dos o tres destinos al año y prepararnos el trolley (que te da más glamour que la mochila) donde metemos cosas esenciales como 10 camisetas para 3 días, 4 pares de zapatos y un sinfín de cosas “imprescindibles” que aunaré metafóricamente bajo la imagen del secador (o la plancha en su defecto, por aquello de que es la máxima preocupación de muchas personas a la hora de hacer un viaje: “¿¿tendrá secador el hotel??”).

No voy a hablar de consejos muy técnicos, que para eso ya está el sinfín de páginas que se dedican a buscarte vuelo, hotel, lo que tienes que ver, consejos prácticos… Yo voy a contar cosas útiles para la vida, que no están escritas en ningún libro.

Por tanto, doy por inaugurada mi nueva sección de viajes (no volverse loc@ buscando una pestaña que ponga viajes, porque esto es ahí a mogollón, cuando me vayáis leyendo más y sea aún más profesional podré incluso dividir el blog por apartados). Y simplemente deciros que cada vez que veáis una entrada con el nombre “Un secador en la maleta” agarrarse los machos, que ya he liado alguna fuera del territorio…

Hoy, para empezar, Riviera Maya.

Para empezar, vamos a delimitar las razones por las que puedes acabar en la Riviera Maya:

 a) De luna de miel, probablemente, si acabas aquí, antes habrás estado de tour por Nueva York (es la moda ahora).
 b) De viaje de fin de carrera.
 c) De viaje de rayada (la gente se raya y se va a Londres, pero eso ya es a niveles muy altos, antes de tomar esa drástica decisión deciden pasar una semana por Rivera Maya con la idea de que por estar en el Caribe va a aparecer un tío con un teléfono atado a la cabeza diciendo “me estás estresannnndo” y sus problemas van a desaparecer).
 d) De viaje de colegas que, en otra idealización de lo que hay por allí, se van a ver si ligan.

Yo estuve en Febrero de 2009 y mi causa fue (a pesar de tener pinta de cualquiera menos de esa) la B. Sí, de fin de carrera… esa carrera que a día de hoy sigo cursando, para no perder las viejas costumbres,

Bueno, pues llega tu supuesto último año de carrera y como estás muy contenta decides que lo mejor para celebrarlo es, además de faltando a clase habitualmente,  largándote al Caribe.

Te plantas en Barajas con un grupo de 13 personas de lo más variopintas, envuelves las maletas en el rollo ese que parece de los bocatas, por aquello de que no te metan nada en la maleta (que digo yo que esto es como en los bares por la noche, cuando tu madre te decía: “ten cuidado con la copa a ver si te van a echar algo”, y digo yo… ¿dónde está el problema?) En fin, que forras la maleta cual bocata de salami y ala, a volar, si te da miedo no pasa nada, sólo vas a estar 11 horas en un avión. Una servidora, que se toma muy a pecho los consejos, había leído que había que beber mucha agua y se hizo la maratón de Nueva York en kilómetros para arriba y para abajo del pasillo para ir haciendo hueco al agua que iba entrando nueva.

Como os decía, en el Caribe puedes acabar por varias razones. Vayas por la que vayas, siempre te vas a encontrar a los de las otras razones en tu avión. Y yo recuerdo especialmente a los del A, una parejita que no venía de Nueva York, porque efectivamente se habían montado en Barajas. No sé si eran recién casados o no, pero por la observación de lo que hablaron en el vuelo de ida, las veces que les vi en la playa del hotel y el vuelo de vuelta, me encuentro en disposición de decir que si eran recién casados no lo iban a ser por mucho tiempo. Pues eso, los del grupo A. Los del C fijo que están por ahí, pero van tan rayados que van en su meditación y ni se les nota. Y los del grupo D, dando por culo… los mismos paseos que la que habla, pero en vez de a por agua, a por copas. Los del A, nosotros, los del B, y los rayados del C nos miramos con complicidad durante el vuelo para llegar a un consenso sobre si lanzar a los del D por las ventanillas, si secuestrar el avión y arrojarlo al vacío para evitarnos tal sufrimiento o qué hacer… Pero justo cuando la gente se decide, vienen las del carrito con la comida y parece que los ánimos se calman.

Llegas a Cancún a las 5 de la tarde de allí, justo a tiempo para evitar el suicidio colectivo, te bajas del avión, recoges tu maleta y… a jugaaar!! Sí, sí, a jugar! Porque no va a ser tan fácil llegar al paraíso, y antes de ello tienes que pasar una prueba (y no es la del pañuelo, que si el paso al Caribe depende de eso, sería un lugar desértico). La prueba es la del pulsador. Un sistema muy justo, en vez de pararte porque tengas cara de delincuente, te paran porque pulsas un botón y, si sale rojo, a abrir la maleta! Aquello parecía la pasarela de OT según ibas pulsando y salía en verde. Hasta que a uno le sale rojo. Entonces desenvuelve el bocata, uys, digo la maleta. Te la revuelven allí buscando el salami, supongo, porque otra cosa… Y ala, bonita, a cerrarla tú solita, que nosotros sólo sabemos revolverlas.

Y por fin… parece que todo ha pasado y que estás en el Caribe! Claro, sales a las 6 de la tarde del aeropuerto y hasta calculas que te vas a echar unos baños… Ja! Noche cerrada hasta más no poder, esperar a que unas furgonetillas te lleven hasta el hotel que está en medio de la selva, atravesar un control “policial” formado por unos tíos con escopetas y hogueras en el suelo, pasar no sé cuántos controles hasta entrar en el hotel, que te asignen habitación, que llegues, la investigues, busques bichos, la caja fuerte, el baño con las toallas con forma de patos,… y cuando te quieres dar cuenta estás estrenando el buffet al más puro estilo español: cogiendo de todo, porque es gratis. Mezclas lo dulce con lo salado, comes lo que jamás comerías en casa… porque es gratis…

Tras comenzar con la cadena que se convertirá en 5 kilos de más a la vuelta a España, estás muerta por aquello del cambio horario, pero claro, los cócteles también son gratis, asique la primera noche ya te ves sentada en una terracita de esas del maravilloso complejo hotelero en el que te hallas hinchándote a Mai Tais, el cóctel estrella del viaje.

Y tras un laaargo día (literal, porque le has añadido unas horitas por aquello del cambio horario), te encamas con tu querida Bea al lado, y con los Coello de vecinos de cama.

Como era de esperar, si a las 6 de la tarde estaba aquello más negro que la boca de un túnel, a las 6 de la mañana ya entraba un solecito de este de las 3 de la tarde de pleno agosto en Benidorm… Y comienza el primer día oficial en el Caribe.

Si en alguna entrada anterior hablaba del moño de “aquí no nos conoce nadie”, ¿qué esperáis del Caribe? Que no nos conozca nadie nadie nadie! Moño oficial que te acompañará durante todo el viaje, moño que te deja de acompañar en las fotos y moño que cuando se te olvida echar de las fotos te las fastidia por completo. Esa es otra, las fotos… la gente se va al Caribe y en el avión ya va visualizando las fotos que se va a echar, ahí pivón pivón, pensando que el PhotoShop ya viene integrado con el entorno, y claro, luego ves las 2000 fotos que te has traído y superan la criba 5… Luego están las de la típica sesión de flipada que te haces en alguna playa desierta de arenas blancas, y que nunca verán la luz. Vamos, que las expectativas fotográficas del Caribe deberían ser cambiadas y todos seríamos más felices al tener una visión más real del resultado y no llevarnos tal decepción al verlo.

Como digo, te plantas el moño y pasan los días, que para no aburrir no voy a contar de uno en uno a modo de diario, porque con decir “buffet libre todo gratis” y “todo incluido” se puede uno hacer una ligera idea de cómo transcurrieron los días.

Hacer un ligero apunte, no sólo de comer y beber vive el hombre, y en la Riviera Maya hay muchas cosas que hacer, visitar el Chichen Itzá, unos cenotes en Valladolid (del de allí, de México, no el de aquí, que de momento te pegas el susto y dices “otras vez a España para una excursión y luego al hotel otra vez???”), recorrer el Caribe en una lancha, hacer snorkel (o ponerte la equipación para hacer snorkel, tirarte al agua y volver a la lancha, muy interesante también para aquellos que se sientan un poco agobiados por tener unas aletas que te hacen daño, un tubo metido en la boca que te roza con las gafas y un chaleco salvavidas que te hace flotar como un escarabajo boca arriba),… Y si hace malo no pasa nada, una rave en el chiringuito caribeño, más fotos de las clasificadas y asalto a un carromato.

Antes de viajar al Caribe te dan unas indicaciones por seguridad, en plan como son no salir del complejo hotelero por cuenta propia, no beber agua que no sea embotellada,… Yo señalaría como verdadero peligro las posibles adicciones, por ejemplo, al Primperán, que lo empiezas tomando como algo preventivo y cuando te quieres dar cuenta estás mendigando uno en una lancha mientras surcas el Mar Caribe. Lo de no beber agua es un mito… total, te bebes todo tipo de mezclas que salen de las mangueritas esas, y los hielos están hechos con el mismo agua que nos negamos a beber, asique como superstición está muy bien, pero ya está.


Otros peligros que pueden acechar en la Riviera Maya son los animales… Vimos iguanas, pavos reales, mapaches (que una servidora, en una confusión mental entre mofeta y mapache decidió llamar “panceta”), cocodrilos, pero estos no eran los que más miedo nos dieron… Las lagartijas! Aunque el servicio del hotel no crea que una “lagartijilla”, tal como les dije por teléfono, sea motivo para acercarse en el carromato a una habitación para efectuar su desalojo, sí que lo es (no obstante, por el transporte de cortesía que nos hicieron cuando una amiga decidió empezar a hablar en gallego, no se lo tendremos en cuenta). Las lagartijillas emiten unos chillidos, cosa que nadie me cree, pero las allí presentes sabemos que es verdad. Y sólo pensar que por la noche puede aterrizar en tu cara… El caso, que dos valientes nos acercamos con la toalla y la atrapamos. Pero la valentía se escondió cuando al intentar sacudir la toalla por el balcón la lagartijilla decidió escalar, entonces qué haces? Soltar la toalla. Muy hábiles, con un poco de suerte cae donde las iguanas y ya rematamos la jugada.

Junto a las lagartijillas… los cucarachones! Del tamaño de un mejillón, preferiblemente encontrárselos el último día para poder vivir en paz la estancia vacacional, ignorantes de su presencia. Eso y que alguien te diga “Celia, no levantes ese papel, que he matado una cosa”, es lo más alentador que te pueden decir.

Si antes hablaba de las fotos, ahora mezclo las fotos con el peligro, y sale como advertencia la siguiente “Cuidado con el fondo marino”, una piedra mal puesta puede chafarte por completo la escenificación de “Los vigilantes de la playa” que te estás marcando para salir del agua con glamour, mientras Vin Diesel te mira desde la orilla.

No practicar la técnica mexicana de irse a las camas maqueada para estar listas a las 4 de la mañana, el despertador se queda dormido… o a lo mejor suena y las que se quedan dormidas son las bellas durmientes…??

Y tras todos estos consejos y advertencias, sólo decir que quién volviese al Caribe! A pasear por Playa del Carmen en bikini y moño del de “aquí no nos conoce nadie”, a tomar Primperán como una descosida, a cazar lagartijas, a desayunar huevos con bacon y napolitanas de chocolate mezclado con frutas y una tabla de quesos, a ver cómo le explican a una guiri lo que es un hidalgo y cómo lo hace,…

Pero todo lo bueno se acaba, y hay que volver… lo que tienen estos viajes es que a la vuelta te reencuentras con los compañeros de viaje de la ida, asique ahí van los recién casados firmando ya los papeles del divorcio, los fiesteros ya llevan menos fiesta y los rayados ni van, porque han decidido quedarse en el Caribe. Y los del fin de carrera… pues a eso, a terminar sus carreras. Yo debe ser que me he quedado en el Caribe!