viernes, 22 de julio de 2011

Cerramos por vacaciones

Por fin, llegó el clásico de estas fechas. No me refiero al posado de Ana Obregón enseñando el esqueleto (literal, se pone un poco de carne por encima, el bikini, y a posar), ni a la foto de la Familia Real en Marivent continuando, digo, disfrutando, sus vacaciones,… Nada de eso, me refiero a la llamada típica que mi madre recibe todos los años desde hace 5 que trabajo, y que nada mas descolgar el teléfono le anuncian que “estoy de vacaciooneess!!”.

Parece mentira que, tras 5 años, siga manteniendo esa ilusión por 20 días que, comparados a los otros 335 que tiene el año (no, no me he equivocado, 20 días de verano más 10 de invierno…), son una miseria! Y lo peor de todo: que se acaban. Ahí es cuando te acuerdas de esas palabras que hace dos meses te servían de consuelo… “todo pasa”. Pasa lo malo, y lo bueno…

Menudo timo esto de las vacaciones! Te pasas el año esperándolas, un año que se hace eterno, y justo cuando llegan le meten el “forward” (sí, aquello de los casette del rewind y el forward) a nuestra vida y cuando le quieren dar de nuevo al “play” nos encontramos con que te quedan tres días de vacaciones, los cuales dedicas a atormentarte sobre la vuelta al trabajo, por tanto, vacaciones no disfrutadas… ni retribuidas, porque total, los que estamos acostumbrados a estar encerrados todo tipo de días al año, es sacarnos del habitáculo y ponerse a gastar. Asique no nos sale rentable faltar al trabajo. Como diría mi abuela: “para qué vais a ir por ahí a gastar? Quedaros en casa que yo os hago unas tortillas y cenamos aquí”, pues nada, para estos tiempos de crisis podríamos cambiarle el discurso y que diga: “para qué os vais a la playa? Quedaros aquí que yo os echo arena en el balcón y saco el barreño para que os bañéis”.

En fin, retomando el tema, por qué hay un consenso no oficial acerca de las fechas en las que irse de vacaciones? Por mucho que nos dejemos unos días para invierno… todos consideramos vacaciones-vacaciones (si lo dices dos veces adquiere mayor significado, igual que cuando yo sigo que voy a mi casa, pero a mi casa-casa, que eso significa Plasencia), pues eso, que consideramos vacaciones-vacaciones, VACACIONES, las buenas, las de verano. Lo de invierno es un respiro para no acabar matando a nadie a causa del estrés, pero básicamente sirve para desfogar un poquito y hallarte sumido en una depresión a 7 días de haberlas empezado, porque sólo te quedan 3 para volver… Caso aparte son los funcionarios, que como tienen mucho estrés tienen que aumentar proporcionalmente sus días de descanso (un saludo desde aquí a mi hermana, que ella sabe que no es una funcionaria en toda regla y eso se valora). Así llega agosto y atrévete a hacer algún tipo de papeleo, que parece que, en esta ocasión, le han dado directamente al “pause” y ya si eso vuelves en septiembre. Estoy yo pensando… será por eso que en agosto no examinan para el carnet de conducir?? Porque están las ciudades más muertas que un panteón y sería dar muchas facilidades al alumno?? Bueno, eso es otro tema de estudio.

Sin duda alguna, las mejores vacaciones son las del cole. Cuando llegaba ese mes de junio, te daban los PA y NM correspondientes, y te olvidabas hasta bien entrado septiembre. Con los años, directamente te olvidabas cuando para celebrar el fin de curso te ibas de cañas a la plazuela de la Menphis. Y un poco más entrados los años pierdes la cordura, y como en un glorioso segundo de carrera apruebas todo en mayo y hasta octubre no empiezan las clases, decides que 4 meses de vacaciones son suficientemente largos como para aburrirte y sentenciar tu futuro metiéndote a trabajar. Entonces, como lo de los hijos (aunque variando los tiempos), por 4 meses de placer, a día de hoy estoy pagando el pato de un 8º curso de periodismo… Y lo de pagar no es un decir, porque patos no pago, pero asignaturas de tercera matrícula que se creen haber salido de una ingeniería, las que quieras.

Y ahora viene otra que es fina también, lo de las vestimentas (Lucía, ahora sabrás por qué me reía esta tarde)… La cantidad de ropa de baño, camisetas, vestidos, etc. típicos de playa, que al comprarlos decimos: “esto no me lo pongo yo en Madrid, pero para cuando vaya a la playa…”, cantidad totalmente descompensada con los días que realmente vamos a la playa. Y cantidad descompensada también con la ropa que, dentro de esos pocos días que vamos, usamos. Porque al final, con la escusa de que “aquí nadie nos conoce” te plantas el moño, las chanclas, y todo el día en bragas… (esto sí es un decir… que tras confesar que de pequeña era una exhibicionista, esto puede dar lugar a dudas). Asique, de entre los 20 vestiditos que te llevas “por si acaso”, las 50 camisetas, 5 pares de chanclas para, en un afán de ser fashion, combinarlos con los bikinis, y un largo etcétera, el elemento estrella de la maleta es el coletero. Y si no que me lo digan a mi, que cada vez que veo las 1000 fotos de Riviera Maya me abochorno al ver que en la mitad salgo con un moño choni de los de “aquí no nos conoce nadie”.

Y el tema “destino”?? Otra víctima de los contratos sociales… Hay que irse a algún lado, ya no vale con ausentarse del puesto de trabajo sino que, además, tienes que abandonar la ciudad. Y a ver quién se atreve a decir que no va a ningún sitio, que pierde categoría… Vamos, que hay quien se va de cara a la galería. Lo que me recuerda a una historia que no sé quién me la contó y ni siquiera sé si era sobre unos vecinos o ellos mismos (si las fuentes de esta historia me están leyendo, lo siento, no sé quién eres, pero me viene muy bien para rellenar entrada). El caso, que alguien me contaba una vez que unos vecinos se encerraban en casa y no daban señales de vida en una semana, para hacer creer a los demás que se habían ido de vacaciones. Desde aquí un llamamiento a esas personas para decirles que: 1) el color se coge con las persianas subidas, que entre la luz; 2) o tienes una despensa muy grande o los vecinos creerán que has estado en supervivientes; 3) a “la vuelta” de las vacaciones, solicitar el ingreso en la López Ibor con carácter urgente.

Pero bueno, por verle algo bueno a esto de las vacaciones (a ver si lo van a leer mis jefes y me las van a quitar ante tanta queja), he de decir yo, por suerte, las vacaciones que he tenido hasta ahora, han sido muy buenas, variadas, conociendo sitios, y que tengo una casa-casa a la que huir para abandonar Madrid y no tener que encerrarme en plan fotofóbica bañándome en un barreño en el balcón.

Destinos vacacionales que han podido disfrutar de mi presencia que van desde las playas del sur y este del país cuando era pequeña (sí, cuando paseaba mis joyas en la bolsa del Spar), la preciosísima Ribadesella y alrededores, Lanzarote y su particular “costa de la muerte”, Huelva y sus comercios cerrados, Ibiza (en la cual nos están esperando los “dolpin” y el pobre osito de las toallas), Granada y sus calles perrofláuticas que tanto me gustaron, Ámsterdam y su Abraxas (donde creo que también no están esperando…),… Destinos a los cuales este año añado Alicante y Croacia (porque no me podía permitir recular… ;D ), y por supuesto… mi CASA-CASA.
Cuelgo así el cartel “Cerrado por vacaciones”, le doy al forward, y a la vuelta nos leemos, que seguro que traigo historias nuevas. Hasta entonces, como me dijo esta semana una persona… a ser buenos.

miércoles, 6 de julio de 2011

La Chica

Y muy en contra de mis vaticinios sobre mi fin del mundo, todo pasa. Pasó la primavera y llegó el verano… Y con él, el calor, los mosquitos, las rebajas y los recuerdos. Recuerdos de cuando una servidora era joven e inocente… vamos, cuando era chiquitita. No asustarse, no voy a entrar en topicazos parecidos a los de la canción “Acuérdate” de El Canto del Loco, de hecho, yo era una tía peculiar como para poder encasillarme en tópicos. Por tanto, tras echarme unas risas ayer con mi madre acordándome de cosas, he decidido dedicarme a mí misma esta entrada del blog.

En realidad, y a todo esto vino la conversación con mi madre, no me acuerdo de casi nada de cuando era pequeña… pero con su ayudar y leves imágenes que me vienen a la cabeza, he sido capaz de reconstruir las situaciones.

No me acuerdo de mucho, pero si hay algo que tengo grabado en la memoria, y que me limita bastante a la hora de reñir a los niños cuando hacen alguna cosa, es la bronca (o lo que yo creo recordar como bronca) que me echó el camarero de una terraza en Sevilla por levantar la pestaña de una sombrilla y hacer que ésta se cerrase. Por aquellas fechas, iba yo con mi bolsa del Spar (literal) llena de pulseras y pendientes de plástico, que no dudaba en sacar a la mínima parada que se hacía en el camino. Mis padres no ganaban para comprarme todos los bolsitos habidos y por haber  para poder transportar mis “joyas”, pero yo era una niña sencilla, y por muchas pulseras que tuviese, no saltaba la bolsa de plástico ni muerta. Y eso que por aquellos entonces no se cobraban a 5 céntimos como ahora, que si no…

Otro hobby que tenía era andar en pelotas por todos lados… no hay foto de la playa en la que salga vestida, el rastrillo y la pala (probablemente transportado hasta allí en bolsa del Spar…) eran mi único atrezzo… y autoenterrarme en los hoyos que cavaba… así llegaba luego a casa, que me sacaban arena hasta de los ojos. Lo de ser la pionera del destape en la playa es medio lógico, pero avergonzar a la familia saliendo al balcón de casa desnuda era otra historia…

Hablando de familia… típicos eran también mis destrozos sobre las construcciones que mi hermana y mi tía cuidadosamente montaban a lo largo del pasillo. Horas sacando todos los juguetes de los cubos y la caja de Colón (adjunto documento gráfico) para crear mini ciudades (cuando todavía no había especulación con los terrenos), más horas de creación que de juego, ya que, en cuanto soltaban a la fiera, se oía: “mamáaa, coge a Celia, que nos estropea todo!!!”, y cual “Cariño, he agrandado al niño” los Pin y Pon veían llegar gateando a una niña regordeta y con cara de malvada. Era lo último que veían hasta recobrar el conocimiento, cuando entonces volvían a estar metidos en el cubo con un coche a propulsión ,de esos que venían con los Kinder, encima de sus ahuecados peinados. No obstante, mi tía y mi hermana no me odiaban porque también les servía de conejillo de indias para disfrazarme de todo tipo de cosas, maquillarme y “explotarme” sin descansar hasta que no me saliese el paso de un baile de Tina Turner en el que era cogida de los brazos por dos bailarines a sus lados. Suena cruel, pero era hasta divertido… además, a mi hermana le permito yo lo que haga falta tras saber que no me llamo Leonor gracias a ella. Aunque el uso que se le da a mi nombre en casa es básicamente nulo… debido a ser extremeña y ser la menor de las hermanas, pasé a ser “la chica” (chica en el sentido de la pequeña, aclaración para el público externo a la comunidad…).



A pesar de destruir ciudades, no era tan mala con todo el mundo… estaba mi osito Teddy, al cual quería con locura, hasta que se suicidó… en realidad hicieron que pareciese un suicidio, pero yo vi cómo mi padre lo arrojaba al vacío… luego regresó, pero nunca volvería a ser el mismo. Menos mal que no era mi principal ayuda para dormirme, sino que me bastaba con tocarle la oreja a alguien y me hacía el mismo efecto que llegar al minuto 8 de una sesión de Café del Mar.

Por último, el recuerdo que más trastorno me ha causado y por el cual estoy pagando aún las consecuencias (incluso más traumático que la regañina del camarero sevillano), es el de cuando me regalaron el casette con micrófono… en qué momento se les ocurrió a mis padres despertarme el espíritu periodístico-televisivo…?? La verdad es que si me llegan a pillar los del Tomate perseguir a la familia como si fuesen la Pantoja, me hubiesen fichado y me hubiese ahorrado los años de carrera…

Pero bueno, como digo mucho últimamente, todo pasa, y por mucho que en aquella época mi mayor problema fuese que un camarero andaluz me había reñido, cada cosa a su tiempo, tampoco vamos a renegar de lo bien que se vive de mayor. Cambiemos mis pulseras de plástico por una colección más selecta, mi bolsa del Spar por mi monedero de Carolina Herrera, el “mamá! Coge a Celia…!” por “Chica! Cuándo vienes??”, a Teddy y la oreja por… por una cama muy grande para mí solita, y el micrófono esperemos cambiarlo en un futuro por uno de verdad.

martes, 28 de junio de 2011

La involución a la hora de adquirir un aparato nuevo

Aviso a todos los vendedores de telefonía móvil: han perdido la visita diaria de las 15:30 de una servidora. Ya tengo móvil.
Todo comenzó cuando, hace algo menos de un mes, alguien me mandaba un sms para comunicarme algo bueno: Vodafone, que me regalaban 150 euros para cambiar de teléfono (no s´ha jodido… se han acojonado, se me acaba la permanencia y estoy pagando la matrícula del colegio trilingüe de uno de los directivos con mi factura de cada mes). Asique, en un alarde de tener un aliciente en la vida pensé: “me voy a comprar un móvil…”
Yo cuando hago algo, lo hago bien. Asique investigué, y mis fuentes me remitieron al Samsung Galaxy S II, uno de estos fashion que se llevan ahora. Pues manos a la obra, comienzo visitando la Electrotienda (cada vez que oigo esto me vienen a la mente los electro duendes) de El Corte Inglés en Preciados, Callao, The Phone House de Preciados, The Phone House de Preciados de un poquito más arriba, tienda Vodafone de Sol,… y en todos lados me decían: “pásate la semana que viene, que todavía no lo tenemos”. Cualquiera, ante la unanimidad de respuestas, se hubiese ido a tomar un café en lugar de vagar por Sol cual indignada típica de la zona. Pero yo no, yo soy diferente… Yo donde pongo el ojo… El caso, que tras visitar 6 establecimientos me da por pensar y digo: “Coño, qué haría una tía mona y simpática como yo??” y me fui a Sephora a comprar un pintauñas color frambuesa precioso a juego con un vestido que tenía… Uys, a lo que iba, que no me di por vencida y me planté en The Phone House en Carretas y, con mi mejor sonrisa y mi traje de cucaracha, espeté un amable “hola” nada más entrar. Hay que ver el poder que tienen estos dos detallitos a la hora de que te atiendan con amabilidad. Fue pasar por alto la respuesta de los 6 anteriores y preguntar como si fuese nueva si tenían este teléfono y en menos de 2 segundos me dijeron: “te lo pedimos”. Joder, hablando se entiende la gente… Y quedamos en que esa semana o la siguiente me avisarían.
Pasaron los días desde que oí esa promesa, y como no obtenía resultados decidí seguir atormentando a los vendedores con mi presencia y durante dos semanas he estado comprobando los diferentes turnos de los empleados para entrar a preguntar sin quedar de pesada (ya dirían: “mira, la loca del Galaxy”). El prometedor de Carretas quedó en evidencia tras confirmarme que no lo podían conseguir, porque no estaba disponible para canje de puntos…
Pero todo esto ha acabado… por fin he conseguido mi móvil (pareceré una friki, pero era ya un asunto personal, era un: “por mis cojones que lo consigo”, sí, muy femenina yo…).
Lo conseguí… pero aquí no acaba todo.
Primero, me llama la atención el cambio de discurso de los vendedores de móviles. Hace años te decían: “recuerda que tienes que dejar que se descargue del todo y luego hacer una carga completa”. Ahora, y es verídico, porque se lo he oído a varios, te dicen: “procura no ducharte con el móvil” ¿? Al principio pensé que era absurdaza advertencia, pero al escuchar la explicación me iban cuadrando las cosas. Al parecer, ahora cuando envías un aparato al servicio técnico detectan si se ha mojado, y entonces no te lo arreglan. Entonces, recordé cierta ocasión en que se me cayó un teléfono a un vaso de leche y a los 3 días dejó de funcionar. Lo llevé a arreglar y me dijeron: “te duchas con él?, es que está la placa de dentro mojada, y puede ser de la humedad”. Vamos, que a la gente te le caen muy a menudo los teléfonos al vaso de leche.
Volviendo al tema, sacarlo de esa caja que parece de colonia cara, sentir que tienes un dispositivo de la ostia entre las manos (el móvil, digo) y que ya te está dando problemas… no sabes abrir la tapa de la batería. Qué frustración, que te tengan por una tía lista y parezcas un ratoncillo de estos con los que experimentan intentando sacar un trozo de comida de dentro de una caja, en resumen, frustrada.
Por fin, un alma caritativa me ayuda a efectuar la apertura. Y en ese momento siendo una mezcla de sensaciones y edades… como un niño con zapatos nuevos y como mi abuela cuando le compraron el teléfono, sin enterarme de nada.
(A pesar de no enterarse de nada, un consejo, no comprarse nada en la hora de la comida y tener que irse luego a trabajar otra vez, porque te pasas toda la tarde entrando a mirarlo como si tuvieses un bebé en su cunita dentro del almacén… de hecho, un bebé en su cunita no hubiese atraído ni la cuarta parte de mi atención…)
Otro aspecto destacable es el tema protección del dispositivo… Yo no soy muy conocida precisamente por mi habilidad a la hora de sostener nada en las manos (ni en los pies, véase por qué mi blog se llama como se llama). Tengo que comprar un protector de pantalla, pero hasta entonces tengo pegado el que venía, con dibujitos y todo, y tras ellos consigo descifrar lo que pone en la pantalla. Como esto no es muy útil he barajado la posibilidad de envolverlo con papel transparente con el que se envuelven los bocadillos. Espero no llegar a eso.
Tema aclimatación a la escritura… Dónde están las tildes y… donde “cono” está la Ñ?? Gracias a las colaboraciones, el que busca, halla. Estoy convencida de que mucha gente no escribe mal porque no sepa hacerlo bien, sino porque siguen sin saber que pulsando un rato una letra le salen las opciones anteriores.
Finalmente, cuando crees que tienes medio dominado el asunto, te vas a dormir, pones la alar… intentas poner la alarma, entendidos en la materia te instruyen sobre los fallos de Android a la hora del encendido del despertador, y acabas quitándome las pilas a una lámpara para ponérselas al despertador de Hello Kitty.
Muy fashion, muy moderna, muy todo pero… donde esté el One Touch Easy… Bueno, al menos habrá que sacar algo bueno, y es que a través de mi nuevo móvil también puedo ver mi blog.

jueves, 16 de junio de 2011

De cómo titulé mi blog y comencé mi serie de catastróficas desdichas

Hoy, tras ver cómo un pelanas precipitaba sus gafas hacia la vía del metro y llamaba a los señores trabajadores de Metro para que viniesen con una especie de pata de pollo extensible a recogérselas, he pensando: “pssch… cobarde…” y ha venido a mi mente la explicación del nombre de mi blog… acompañada de un: “si es q esto sólo me puede pasar a mí…” Por tanto, paso a narrar la primera de una larga lista de historias que llevo lanzando en forma de tweet desde hace varios días bajo el hashtag #cosasquesololepasanaCelita.

Noviembre de 2008, la aquí presente Celita abandonaba su lugar de trabajo en una noche lluviosa (agravante del hecho posterior). Bajé a las taquillas, me puse mis vaqueros, mis manoletinas, mi abrigo y me dirigí al metro. Por aquel entonces salía yo sin mucha prisa, en mi mundo, porque no tenía otra cosa que hacer. Me metí en Sol, como siempre, bajé al andén de la 1 dirección Congosto, me senté a esperar… y llegó el maldito tren… Me acerqué a la puerta, elevé la manilla para abrir y nada, caso omiso. Repetí la operación, y obtuve el mismo resultado… Fue entonces cuando por mi mente, en cuestión de segundos, pasó la de idea de hacer algo que en 5 años que llevaba en Madrid jamás se me había ocurrido poner en práctica… la patadita a la puerta. Mierda! En ese momento sentí cómo mi manoletina blanca de Blanco (sin redundar) se desprendía de mi pie, precipitándose al vacío por el famoso hueco que la señorita del metro nos advierte en cada parada “… entre coche y andén”. La pérdida no había sido en vano, la puerta se abrió y yo, esquivando toda reacción lógica que se os pueda ocurrir, me subí al metro a la vez que exclama: “Aivá!”. Las risas que se echaron las colegas de al lado no se las han echado en su vida. En fin, que me subí, me planté el abrigo encima del pie y “pa´las casas”. En ciertas versiones de la historia, he podido contar que llevaba unos zapatos en la bolsa porque venía de trabajar… mentira! Me fui a casa como la Cenicienta (como dice "la gitana", cualquier día descongelo a Walt Disney), descalza, con las dos hermanastras (véase hermanastras como las dos que tanto reían a mi lado) descojonándose de mí y, la única diferencia, que me estaban arreglando la carroza y viajaba en metro.
Qué 10 paradas más largas…
Al llegar a mi destino, me las ingenié para salir con mi abrigo encima del pie, sentarme en un banco, esperar a que todo el mundo pasara, me puse la peineta y empezar a subir las escaleritas con mi pobre pie descalzo. Cuando salí a la calle, se hizo realidad en mí ese grupo de Facebook que dice algo como: “estar tan mojado que te da igual caminar bajo la lluvia”.
Tras contar cualquiera de mis versiones a la gente, la respuesta era siempre la misma: “haber llamado por el interfono y que viniese con el gancho a cogértelo”. Vamos a ver:
1) Me daba más vergüenza llamar que irme a casa descalza.
2) El precio del zapato era directamente proporcional a las ganas de esperar al de la pata de pollo extensible (si se me llega a caer un Manolo, otro gallo habría cantado).
3) Y ese rato tan agradable que hice pasar a los viajeros…?.
Nada, mi decisión fue la correcta, porque sin ella no llevaríamos 3 años de cachondeo con el tema, no sería famosa en el vagón, y no se me habría ocurrido nombre para el blog.

martes, 31 de mayo de 2011

Del fin del mundo y otras relatividades

El mes de mayo se presentaba a simple vista como un mes raro. Envuelto en situaciones aparentemente caóticas, incluso con el anuncio del fin del mundo. Entre fechas tales como el viernes 13, el comienzo de lo que algunos llaman la “Spanish Revolution”,  el fin del mundo augurado por Harold Camping el 21 de mayo o las elecciones del 22M; se sitúa el que yo creí ver como mi fin del mundo particular, el 20 de mayo.

No entraré en detalles, simplemente usaré esta fecha como excusa para escribir un intento de manifiesto sobre las actitudes que tenemos en la vida y la relatividad que todo tiene en cada momento.

Tras dos semanas escuchando tópicos tales como “todo pasa”, “si ha pasado será por algo”, “luego te alegrarás” y demás, me he dado cuenta de que a veces hablamos por hablar, que intentamos animar a los demás, y que muchas veces nuestra simple presencia y el saber que estamos ahí cuenta más de lo que parece. Y que hasta que no te ves en el pellejo de esa persona no sabes lo que se siente, pero tampoco sabes hasta qué punto tienen razón esas frases tópicas. Las decimos a veces porque es lo que hay que decir, pero cuando está en la situación ves lo realmente fuerte que eres para hacer que se hagan realidad.

Como decía, todo es relativo. Todos hemos sido un poco Harold Camping en algún momento de nuestra vida, pensando que se acababa el mundo, nuestro mundo… Igual de típicas que las anteriores, son frases como: “qué voy a hacer ahora?”, “por qué a mí?”, “ay, que me muero”,… Pero no nos damos cuenta de que todo es relativo. En ese momento, efectivamente, nuestro mundo se acaba, pero en el mismo modo que esperan los mayas, en cuanto a la concepción de las cosas. No vemos que no se acaba como tal, sino que se acaba una etapa de nuestra vida que hemos estado viviendo de una manera, y que desde ese momento la vida sigue, pero acostumbrándose a llevarla de otra manera. Por ejemplo, cuando una relación que ha sido perfecta se acaba, no se acaba el mundo, no hay que dejar de querer a la otra persona, sino que, simplemente, hay que aprender a vivir sin ella. Parece una tarea imposible, pero hay que saber afrontar las cosas y, siendo un poquito fuerte mentalmente, se supera. No hay que martirizarse y machacarse la cabeza buscando explicaciones, a veces la explicación es un trámite, más por orgullo que por necesidad, y realmente sólo nos responde al “¿por qué?” pero no nos soluciona nada. Y menos cuando de personas se trata, somos tan variados y tan complejos que las explicaciones pueden ser cuanto menos desconcertantes incluso, porque lo que para uno es una razón para el otro no lo es, por tanto, volvemos a la relatividad.

No existen fórmulas mágicas para ser felices, simplemente existen momentos de nuestra vida en los que coincidimos con gente que nos hace más o menos felices, pero siempre en ese momento. No existe la media naranja que nos quieren vender por todos lados (y menos el medio pepino, aunque ya se hayan dado cuenta los alemanes de que no tenemos la culpa de todos los males, que ya parecemos los judíos, por aquello de que han sido considerados por muchos como los causantes de todos los males de la tierra…). En fin, que no existe algo concreto que sea perfecto, existen situaciones que, al juntarse, hacen que se cree un ambiente perfecto. Y este ambiente puede durar poco tiempo, mucho tiempo, toda la vida,… y sea cuando sea que alguno de los factores se rompa y se acabe la perfección, hay que quedarse con lo bueno (otro topicazo). Al principio parece difícil, pero al final… es lo que queda. Con estas frases no quiero desanimar a nadie, ni decir que la gente tiene que estar alerta, como digo, a algunos les dura la situación perfecta toda la vida. Simplemente quiero decir que no podemos aferrarnos a nada, porque las personas no somos propiedad de nadie, y hay que saber ser independientes, respetando a quien tenemos al lado y disfrutando de los momentos buenos, pero siendo fuertes para asumir que, si un día eso se acaba, “será porque tenía que ser así”.
He hablado de judíos, de profetas mediocres, y ahora hasta me atrevo con Dios. De pequeños nos metieron miedo con el Coco y, como ya nos sabemos la historia y no cuela, de mayores nos la meten con Dios: “ha hecho mal, Dios le castigará”, “Dios sabrá recompensarte”,… Con todos los respetos hacia este personaje… que se dejen de patrañas. Dios, el Karma,… como lo queráis llamar, es algo tan sencillo como que tu actitud en la vida va a determinar los resultados que obtengas en ella. Pero no cuando mueras ni nada, sino en la vida real, en la vida 1.0 (esa que le recomendaba anoche a la señora de E-Darling, muy a pesar de sus creadores), que es la que tenemos que vivir. Es un: “lo que siembras, recoges”, pero sin entrar en ámbitos espirituales, sino objetivamente, desde el punto de vista de la agricultura como tal. Todo es relativo, repito, y a lo mejor uno hace las cosas esperando obtener unos resultados y esos resultados nunca vienen, pero no por eso hay que hundirse. Entonces, aunque parezca que me estoy saliendo del tiesto, volviendo al fin del mundo particular de cada uno, si tu actitud en la vida es positiva, la sensación de final del mundo será más llevadera.

Resumiendo, que “de todo se sale”, que el fin del mundo real llegará el día que nos pongamos el pijama de madera. Ese si que es el final, lo demás son dramas que nos montamos para darle vidilla a nuestra existencia. Y que hasta que nos metamos en la caja hay que vivir lo mejor posible. Quedarse con lo bueno, no tenerle rencor a nadie, aprender que la vida hay que currársela y viene con cosas buenas y malas, estar a gusto con uno mismo (por que si no estás a gusto tú… qué esperas de los demás?) y, en resumen, vivirla. Y si hay que contársela a la Fox para que nos haga una serie, se le cuenta. Mientras, estaremos pidiendo muchos postres en el Peggy Sue porque “estamos muy tristes”, perderemos coches por Madrid y disfrutaremos de la gente que está ahí siempre y que nos hace la vida relativamente más fácil.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Gracias, Renfe

Se acabaron las vacaciones... llegó la depresión post-vacacional, el madrugar para volver a ir al cole (hecho que, de manera autónoma, interrumpo durante mis vacaciones laborales), el aclimatamiento del cuerpo a estar 8 horas de pie mientras los focos come-color me van quitando el moreno (al parecer he venido morena... de Plasencia y Amsterdam... si me llego a ir al Caribe no sé qué habría sido de mi piel),... en fin, la vuelta a la cruda realidad.
Todo lo bueno se acaba, pero siempre quedarála experiencia, las fotos, el recuerdo... y las anécdotas.
Hoy voy a narrar mi escala Plasencia-Madrid el día anterior a irme a la tierra de los tulipanes, las bicis, las cosas claras, y el chocolate fumado.

Miércoles 9, siete años haciendo el recorrido Plasencia-Madrid, y viceversa, con Renfe; siete años montando pollos, siete años de retrasos, calefacciones estropeadas, fechas clave luchando por coger sitio, proyectos de militares subiendo al parar el Torrijos,y un largo etcétera. Como decía, siete años cogiendo este tren (en principio era un regional, luego pasó a ser Talgo, luego lo convirtieron en TRD,... pero todos con la misma dinámica) y todavía se me ponen los pelos como escarpias la mañana del día que me tengo que montar en ese trasto. Nunca sabes qué va a pasar.

Me subo al tren (por lo menos esta vez subí, no como en Navidad que, con el tren delante de nuestras narices, nos dicen que no funciona, tal cual, ni retraso ni nada, que no funciona!), comienza la función.

El tren ha arrancado, parece que empieza bien la cosa, pero aún no estás a salvo. Es muy frecuente encontrarte a gente conocida en la estación, gente a la que conoces de hola y adiós, gente con la que no tienes tema de conversación para 2 horas y media de trayecto (supuestamente ese es el tiempo que dura el viaje), gente con la que no tienes ni puta gana de sentarte (ni ellos contigo) y gente con la que te acabas sentando (por aquello de los contratos sociales).

Primera parada: Monfragüe. Denominado por los lugareños como "empalme", debido a que la estación se bifurca, un lado para los que van a Plasencia, y otro para los que siguen hacia Cáceres o Badajoz. Si vas en un tren que va o viene de Badajoz... primera cagada y posible primer punto conflictivo. Tendrás que esperar a que una parte del tren aparezca por la otra vía y empalme con la parte en la que tú vas. Este proceso puede tardar varios minutos, incluso horas. Si vienes de Madrid, la cosa se complica, ya que el revisor te puede anunciar que vas montado en la parte que tira hacia Cáceres, por lo que en Monfragüe tendrás que bajarte haciendo malabares con la maleta para, en 2 minutos, cambiarte de vagón si no quieres aparecer en destino desconocido. Si superas el primer nivel, puedes seguir tirando.

Segunda parada: Casatejada. Aunque el tren ha logrado salir de la estación, no cantar victoria, en Casatejada pueden decirte que ha petado el tren y que te bajes, que te van a poner unos autobuses, que ya están viniendo (viniendo de Barcelona deducimos, por lo que tardan...).

Tercera parada: Navalmoral de la Mata. Has superado dos niveles, ahora viene una prueba psicológica, aguantar a las pseudopijas que se suben en Navalmoral, que montan el número mientras lo hacen y, cuando crees que las tienes acomodadas y tranquilitas, descubres que te van a dar el viaje contando sus historias varias.

Cuarta parada: Oropesa de Toledo. Ya hemos salido de la comunidad, pero no hemos abandonado el riesgo. Otro punto caliente para posibles desalojos del tren o esperas absurdas (como la del empalme de los dos trozos de tren). Estas esperas consisten en que el tren se para durante media hora y que, de repente, pasa un tren dos vías más allá de la tuya y arranca.

Quinta parada: Talavera de la Reina. Núcleo de población elevada, haciendo la comparativa con las demás estaciones por las que pasamos. Aquí corres el riesgo de recoger a más cotorras que te den el viaje. Aunque, probablemente, tu conocido de Plasencia ya te lo lleve dando durante hora y pico.

Pasamos Talavera y te entra el hambre (hecho consecuente de todo viaje, aunque dure dos horas y sea durante una franja horaria en la que normalmente no comes, pero la cuestión es que viajar da hambre). Si has encontrado al conocido de Plasencia, olvídate de merendar (otro aspecto del contrato social). Si vas sólo, te comes el sandwich que la madre te ha preparado, las galletas, y a intentar coger la postura para echar una cabezadita (otro hecho insólito de los viajes, dan sueño, repito, sea la hora que sea).

Sexta parada: Montearagón. Ostia... mal vamos. En qué lugar del mapa se ubica este lugar?? Qué tipo de desviación ha sufrido el tren?? Sean cuales sean las respuestas, el caso es que pasas por una estación de los PinYpon, con su correspondiente señor de la varita roja que te da paso, y donde nunca se sube ni baja nadie...

Séptima parada: Calera y Chozas. Estación aparentemente fantasma, donde vive un señor "trenecista" que mueve la varita roja, no sé si para que pasemos o para que paremos a ayudarle, porque debe llevar años ahí abandonado.

Octava parada: Erustes. Bfff... confirmado, me he equivocado de tren... 3 estaciones seguidas que no sé señalar en el mapa, esto no puedo acabar en Madrid. He viajado en el tiempo y me he metido en el OrientExpress...

Novena parada: Torrijos. Falsa alarma, efectivamente, estamos en España... si haces el recorrido dirección Plasencia un viernes, compruebas esto al ver cómo una decena de niñatos con los petates color camuflaje se suben al tren fardando de cosas como: "ahora dejamos de pegar tiros pa´metérnoslos, jaajaa". Qué especie tan peculiar... Si haces el recorrido dirección Madrid un domingo por la mañana, compruebas que vas a Madrid cuando se sube otra decena de suh´primiselos procedentes del "Radi".

Décima parada: Illescas. Ahí tenemos familia... asique no diré nada al respecto. Sólo que, si has llegado hasta ahí, aún peligras. Todo apunta a que el tren va a llegar a su hora pero, de repente, se para en medio de la nada durante media hora.

Parada once (onceava queda muy feo escrito): Humanes. Ya estamos en los extrarradios de la capital. Empieza a subir y bajar gente que dice: "ejjjqueee...".

Parada doce: "Fuenla". Cuna de los suh´primicos que vienen del "Radi", y, por sorpresa para nosotros, de las pseudopijas que se montaron en Navalmoral.

Penúltima parada: Leganés. El destino está cerca. La gente se empieza a poner de pie, aunque falten 20 minutos para llegar. Tú empiezas a vislumbrar el fin de la pesadilla en la que te has visto inmerso. Tu conocido de Plasencia debe pensar lo mismo que tú: "qué ganas de llegar y quitarme al sadope este de encima".

Final de trayecto: Madrid-Atocha. Pasas por MercaMadrid, El Corte Inglés de San José de Valderas, Cine Cité, a lo lejos ves Atocha, y, cuando parece que todo ha terminado... el tren se para. El rubiales dice que esperan a que les den vía, yo digo que es por tradición, para llegar tarde, pero con el suficiente margen como para no poder ponerles una reclamación.

Finalmente, pisas tierra firme, con la sorpresa de que el tren ya no llega donde siempre, sino que te sueltan en medio de todo el gentío que espera el Cercanías (que digo yo que hagan un andén para el "lejanías" del que yo vengo), y que no sabes salir a la superficie.

Cuando finalmente encuentras la superficie tienes tres opciones: a) si el trayecto ha sido interrumpido en alguno de los niveles, te diriges a poner una reclamación (unas cuantas de esas tienen que tener mias), por la cual no te harán ni caso.
b) si el trayecto, milagrosamente, sólo ha durado 40 minutos más de lo previsto, te vas indignado a casa, con el único consuelo de que el rubiales ha ido a buscarte.
c) no va nadie a buscarte, llegas indignado, y encima tu conocido de Plasencia va en la misma dirección de metro que tú.

Sin más, agradecer a Renfe los momentos que han pasado a mi lado como mi cumpleaños del 2008, cuando me pasé 5 horas metida en el tren, terminando en un autobús que me soltó en Madrid a las 2 de la mañana; mi inicio de vacaciones de verano 2009, cuando en pleno agosto, a las 4 de la tarde, nos soltaban a esperar unos autobuses que tardarían hora y media en Talavera de la Reina; o aquel fin de semana con mi tía, cuando cambiaban la vía sin avisar y nos montábamos en un tren vacío viendo cómo se iba el de al lado, que era el nuestro.

lunes, 7 de marzo de 2011

Las apariencias engañan

Me hallo en mi hogar, pero en mi hogar el de verdad, en Plasencia (aclaro porque da lugar a errores cuando digo que me voy de vacaciones a mi casa y la gente me mira como diciendo: "qué emocionante...", pensando que me voy a quedar en Madrid). El caso, que estando en mi retiro espiritual, he recopilado datos suficientes para la elaboración de una nueva entrada en el blog basada en errores en los que he estado inmersa durante muchos años de mi vida.

El sábado, nos disponíamos a hacer un poco de turismo rural para que el rubiales echase sus fotillos por la zona. Mi padre propuso ir a Piornal, el pueblo más alto del Valle del Jerte, 1500 habitantes, un pueblo perdido de la mano de Dios donde, para llegar, tienes que tener mucha paciencia, la tensión regulada y la biodramina a mano (a la que mi padre se empeñó en llamar anfetamina). El caso, que llegamos y, desde el momento que nos bajamos del coche (a pesar del tormento anterior con tarta curva), se acabó la tranquilidad. Safri Duo a todo trapo, sonando a través del altavoz de una C15, y una panda de personajes disfrazados de cervezas, cigarros y todo tipo de vicios. Efectivamente, sábado de carnaval... Tras la lección a manos de mi padre sobre cómo entrar a un grupo de chavales, a modo "Callejeros", para que te digan si hay nieve en el puerto, volvemos al coche y proseguimos con nuestro viaje. Volviendo a mi padre, un tipo con sus RayBan de toda la vida, su puro (que se encendió nada más bajar del coche, detrás de una columna, como si se estuviese haciendo un porro), sus prismáticos colgados, su arte para acercarse a tres chavales y decir: "tenéis fuego?? por cierto... hay nieve??" y su cazadora Roc Neige... motivo de mi entrada en el blog.
Hasta el famoso sábado de carnaval he vivido engañada, una vez más...

Hace unas semanas, cuando estaba buscando chaquetas abrigadas para mi viaje a Amsterdam, me acordé de una marca que recordaba haber visto en alguna ocasión en temas de nieve y montaña... Roc Noice. Busqué la página de la marca, y nada, ni rastro de ella. Google no mostraba resultados, y no hacía más que poner en duda el texto que había puesto para buscar: "cazadoras Roc Noice"... diciendo: "Quizás quiso decir..." Quizás quise decir nada! Roc Noice, a secas!! Ante la desesperación, pensé que la marca había desparecido del mercado, como otras muchas, y dejé mi pelea con Google.
Mi engaño continuaba, hasta el sábado... Momento en el que mi padre dice: "Joder, esta cazadora es buena, tiene 30 años..." y, ante mi pregunta sobre qué marca era, contestó: "Roc Neige". Entonces, la búsqueda que tuve lugar días antes, y mi conflicto con Google, pasó por mi cabeza en cuestión de segundos. Analicé el logo detenidamente y cuál fue mi sorpresa al descubrir que lo que yo creía ver como O era una E y que la G está totalmente camuflada en una C! Por fin he hecho las paces con el buscador y me ha mostrado la página que buscaba.

A raíz de este descubrimiento, han venido a mi mente casos parecidos que han sucedido en los 24 años que tengo. Procedo a su relato.

El póster de mi habitación... 17 años atemorizada. Cuando tenía 17 años, hicimos obra en casa, y descolgamos un poster que se encontraba clavado a mi pared desde que era pequeña. 17 años estuve preguntándome por qué mis padres me habían puesto una foto de un animal nocturno parecido a un "chupacabras" y que me daba pánico. La verdad es que, cuando preguntaba, mis padres me decían que era un pájaro, pero yo pensaba "y dónde leches se encontrará esa especie...". No tengo la imagen , para poder explicar lo que yo veía, pero aunque la tuviese, nadie iba a ver nada más allá de lo que era... un simple pajarito subido a un tronco. Cuando hicimos la otra, repito, bajamo el poster, y, al verlo de cerca, se me encendió algún botón del sistema visual, que había estado años apagado, y vi lo que realmente era! En efecto, un pajarito de los que se ven por la ciudad todos los días, por la noche, subido a un tronco con unas ramas y un gusanito en el pico.

El Seven Up... 19 años engañada. 19 años oyendo hablar de esta bebida, pero jamás había visto su envase. En su lugar, veía muy a menudo el envase de una bebida que nunca he oído nombrar a nadie... el ZUP. Hasta que cierto día me di cuenta de que la Z no era una Z sino un 7... entonces mi mente comenzó a funcionar y pensé: "Coño! Siete... Seven... Seven Up!!!". Por primera vez, veía su envase, siendo consciente de que era su envase... Desde ese momento, desaparecía de mi propio mercado mental el ZUP...

Pecu... 22 años sin conocer su existencia, y el día que soy consciente de ello, me informan que además no se llama Pecu, sino Pepu!

Las redes sociales... años sin saber de ellas ni su labor y hoy descubro el juego que dan para contar estas cosas raras que me suelen pasar, y me seguirán pasando. Mientras tanto, seguiré engañada durante años con otras cuestiones.