martes, 18 de octubre de 2011

El fin de la era "Corte Inglés"

Tras 5 años ejerciendo como profesional de la venta de ropa (como dependienta, que se suele decir), los 3 y medio últimos en El Corte Inglés, dándole coba a la carrera, celebrando domingos y festivos a la japonesa, poniendo como excusa para no reunirme con mis amigas esa fea costumbre de trabajar cuando todo el mundo libra,… pues eso, después de todo esto, por fin puedo dar la noticia… me voy!!

Sí, es la misma frase que digo todos los días a las 9 de la noche, y no publico una entrada sobre esto todos los días… pero es que esta vez tiene un toque distinto, y es que me voy, pero mañana las 12 no vuelvo (esto sí es un decir, porque me quedan 10 días para seguir diciendo que me voy). De ahí el título, no sufrir, que es a nivel personal, estará un poquito en declive, pero me parece precipitado hablar del fin…

Entrando en un bucle con mi entrada anterior sobre mi carrera de fondo que tiene serios problemas de identidad sobre si es una simple carrera de letras o si ha mutado a ingeniería, diré que esta decisión está ligada al objetivo que me marcaba en el último párrafo de esta entrada. Segundo de carrera, llegas a mayo, apruebas todo, pasas 5 meses sabáticos y piensas: “me aburro”. Este pensamiento se une al hecho de que eres una tía con facilidades para el estudio, que te crees que, porque un día te hayas leído unos apuntes en el metro y hayas aprobado el examen, no necesitas tiempo en el mundo para hacer las cosas de clase y tener vida. Entonces, estos dos factores se juntan dando lugar a una acción autodestructiva… metes tu curriculum (hasta entonces vacío, como si meto el DNI… nombre, apellidos, dirección y poco más) en Infojobs y tienes la mala suerte de que te llaman para trabajar en Springfield y, lo que es peor, te cogen…

Dos días después te ves currando en el Gitanoski (el nombre de pila del Eroski de Entrevías), lidiando con los “tanogis” que pretenden regatear con los precios de la ropa como si del rastro se tratara, presenciando el desembarco de Normandía versión gitanil los días 23 de diciembre, viviendo bajo la tensión de la posible aparición de un “mystery shopper”, reptando cada vez que entraba o salía de la tienda para evitar que el “cuenta personas” detectase mi presencia y nos bajase la media de venta (hecho que hoy en día, cada vez que entro en una tienda del Grupo Cortefiel, sigo presenciando),… en fin, iniciándome en la profesión.

Pasaron los meses y para aquel entonces ya me iba percatando de lo malo del asunto… no podía ir a mi casa-casa tan a menudo como me hubiese gustado, para ir en Navidades tenía que hacer malabares, reduje mi fin de semana de dos días a uno, y (granito de arena que ya empezaba a formar la montaña) no tenía mucho tiempo ni ganas para estudiar. Creo que en la Complutense ya se estaban frotando las manos pensando lo que iba a dar de sí mi estancia por sus aulas…

En un alarde de lucidez, decidí irme… pero la oscuridad volvió a mi mente, y 10 días después estaba enloqueciendo en la planta sótano de una tienda de Hermosilla que en su día era muy fashion y muy cara, pero que no entraba ni Dios, y cuando entraban era para tocarme las narices. 20 días duró mi estancia en Fridays Project (sí, lo que en principio era tienda multimarca con una mezcla rara entre marcas hiper caras y su propia marca, que luego se quedaron con su propia marca y que, a día de hoy, ha mutado hasta convertirse en Shana). Un sábado por la tarde tenía que ir a trabajar y había venido mi hermana a Madrid con su novio y se iban a ir por ahí, asique, como estaba en el periodo de prueba, mi mente te debatía entre irme con ellos a tomar algo o entrarme los mil males al girar Serrano para meterme en Hermosilla y que me viniese el olor del ambientador de Armani con el que fumigábamos la tienda (ambientador sacado de una colonia de Armani que, contradictoriamente, he usado mucho tiempo después). Por tanto, entre vestirme y pintarme, como la que se echa el rimel, redacté una cartita de autosalvación que me daba el pase para disfrutar de una tarde de sábado libre y días posteriores.

Parece ser que me iba encaminando, y como ya le había pillado el gusto a eso de trabajar, combiné el sentido común con las ganas de hacer algo. Me busqué un trabajo de promotora de GPS para la campaña de Navidad, días sueltos, buen horario y con limitación de fecha. Esta fue la primera vez que tuve contacto con El Corte Inglés, y no sabía yo que unos meses después iba a pasar una laarga temporada en él… En fin, volviendo a los GPS, de este trabajo ya fui aprendiendo el modus operandi de El Corte Inglés y sus trabajadores, y me enseñó cosas como que a la hora de comprarte un aparato electrónico no tienes que confiar necesariamente en el vendedor… todos sabemos leer la caja… Finalizan mis navidades convenciendo a la gente para que me compren GPS y finaliza mi contrato…

Nos situamos en enero del 2008... Enero, antesala de los exámenes de febrero… Muchos de vosotros ya estaréis respirando tranquilos pensando: “menos mal que reencaminó su carrera y dedicó ese mes a sus estudios…”. Error. Cualquiera que haya paseado conmigo conoce la capacidad que tengo para tropezar andando por ciudad en zapatos planos (que, curiosamente, se compensa con el arte que tengo para ir andando por el campo), pues eso, que tropiezo mucho… y esto me lo llevo a la vida… y vuelvo a tropezar… No pasa ni una semana desde que termino con los GPS y ya estoy en el Gitanoski recuperando mi antiguo puesto. No contenta con sólo volver, volví a lo grande. Esta gente, que tantos cursos sobre técnicas de venta me habían dado, eran expertos en marketing, y me vendieron el puesto de “encargada” de sección muy bien. Por tanto, me incorporé con un poquito más de sueldo, unas cuantas horas más, todas las responsabilidades del mundo más, y relación hartura-estancia mucho más elevada. Asique, haciendo la judiada del siglo, le cogí la tarjetita a un señor que nos ofreció hacernos una entrevista para irnos a otro lado y en dos meses estaba poniendo fin a mi regreso.

Y nos situamos en la última etapa, en la que me hallo actualmente y por poco tiempo más. Marzo del 2008, unas compañeras y yo vamos a hacer una entrevista con ese misterioso señor (misterioso porque era de estos que captan gente porque trabajan para una empresa de recursos humanos, que conste, que puede sonar raro), y al bajar las escaleras del edificio ya me estaba llamando para que subiese otra vez, que tenían un puesto para mí… una empresa llamada Mirto buscaba personal. Mirto… “ah, si! Esa marca de deportes, Mito, no??”, frase que llevo escuchando 3 años y medio… hasta que alguien dice: “ah si! Mi padre tiene camisas de Mirto, que mi madre dice que se planchan muy bien!”, sii señores, esa es, la de las camisas transpirables de fácil plancha… El caso, que después de que el señor que tenía que escogerme para trabajar allí me dijese que no quería mujeres, que luego dábamos problemas, creo que decidió correr el riesgo y aterricé en, nada mas y nada menos, que el departamento de Tallas Grandes de Caballero, oigan… Allí aparcada entre una columnita y dos muebles (ojo, con el tiempo he ido ganando terreno y hace unos meses me enviaron un mueble que eclipsa totalmente al tiburón favorito de los chinos…). Hay quien asegura que en todo este tiempo no me he movido de ahí, pero prometo que he currado lo mío. Cuando los bracitos no te dan para medir el contorno de un tío de la talla 60, cuando tus clientes confunden los probadores con los baños, cuando intentas llamar a otro centro y combinando mal la extensión del departamento con la de un centro distinto acabas llamando al despacho del director de ese centro, cuando un cliente monta el pollo porque no encuentras sus pantalones que finalmente descubres que compró en Castellana, y un largo etcétera, cuando pasan todas estas cosas, mis horas de gloria en la columna están más que justificadas.

Pero no todo es malo, de hecho, lo malo es una parte mínima perfectamente soportable con todo lo bueno que me llevo. Aprender un nuevo “idioma” (para poder hablar delante de los “sadopes” sin que sepan lo que dices, vocablos que acabas extrapolando a tu vida en general), las cenitas de Navidad, salir de fiesta, los sándwich de los inventarios y las rebajas, las anécdotas con los “sadopes”, el cafetito de los fines de semana, y, sobre todo, la gente. Compañeros a los que he visto en 3 años y medio más horas que a cualquiera de mi familia (y que alguno hasta ha llegado a formar parte de ella), con los que he pasado domingos, festivos, noches de Reyes, y el día a día en general. Compañeros de los que he aprendido mucho, gente muy diferente, pero con cosas de las que aprender y con las que quedarse. Me llevo amigos, conocidos y, nunca viene mal, posibles contactos a los que recurrir si en un añito soy una periodista en paro.

En fin, que entre columna y mueblecitos… han pasado 3 años y medio desde que ingresé en lo que muchos se empeñan en calificar como una secta, y bueno, pueden tener razón, porque la verdad es que no sé qué será pero acaba enganchando. Pero bueno… en 10 días me “desapunto”.

Cambios sustanciales… modificar mi perfil de Twitter (ya no mataré el rato vendiendo camisas), eliminación de la sección de mi armario dedicada a cantidades ingentes de ropa negra, aumento de mi vida social y noción de lo que son los fines de semana y fiestas de guardar (como se decía en algo religioso…), y sobretodo, que gracias a mi marcha se me ha ocurrido esta nueva entrada para mi blog, con documento gráfico incluido, en honor a todas esas personas que cuando vayamos a comprar y oigamos: “el teclien este es un sadope” como mínimo nos joderá…

Vídeo ECI
http://www.youtube.com/watch?v=anx8gtxz5i4

Y, ahora sí… Me voy!

martes, 27 de septiembre de 2011

Por aquello de abarcar facetas...

He encontrado la solución a todos mis males... por si aquella carrera que estaba cursando no me da muchos éxitos laborales, he decidido probar suerte en el mundo del espectáculo, trasladando mis historias a los escenarios. Aquí va el primero, corto, pero prometo que habrá más. Y a mi pelo le prometo darle menos sobos la próxima vez...

http://www.youtube.com/user/larrydruckmaster#p/a/u/0/RMJTb3SKPDQ

Y, por si este primer contacto no fue suficiente... volví al escenario para presentar al artista, esta vez muucho más breve, pero con traca final... de la cual nadie se rió (para la próxima unos regidores como en la tele, por favor!)

http://www.youtube.com/user/larrydruckmaster#p/a/u/2/Ea1q3D5_76o

martes, 6 de septiembre de 2011

Soy el que más sabe de periodismo del mundo...

He decidido hacer una comprobación y he observado que si pones en Google “la carrera más larga del mundo”, salen un montón de chorradas sobre maratones y otros deportes… Indignada me hallo, porque ese puesto es para mí.
Rondaba la primavera del 2004 cuando, a pesar de la historia de entradas anteriores con el cassette y tal, había recuperado la cordura y estaba totalmente dispuesta a estudiar ADE. Llegó junio y, muy en mi línea, entre tomar el sol en el balcón y recoger los apuntes de historia en plenas cañas de las ferias de Plasencia (apuntes que me tenía que aprender en un plazo de dos días), me presenté a la Selectividad (cuánto daño hacen los grupos de Facebook, iba a poner Eurovisión…). El caso, que aprobé, como el 99% de la población, y me inmolé (metáfora que he aprendido a no decir en alto cuando voy en el metro con mi libro de árabe). Digo que me inmolé porque, en un momento de pérdida del razonamiento, decidí poner Periodismo como primera opción en los papeles para la solicitud de matrícula, dejando en un miserable tercer puesto a la que, hasta entonces, había sido mi primera opción… Con tan mala suerte que me cogieron…
Por aquel entonces, no entendía muy bien la cara de disgusto que ponía la gente cuando decía que iba a estudiar Periodismo. Les faltaba darme el pésame. A mis padres hasta les decían: “ay pobre…”. Pero bueno, una que es optimista y de ego elevado, pensaba: “envidia…!”. Ayyy, amigaa… cuánnto me quedaba por aprender (y precisamente en clase no me lo iban a enseñar).
Asique hice oídos sordos, llegó septiembre y me planté en Madrid para aumentar la población femenina en casa de mi abuela y el número de matriculados en Periodismo en la Complutense.
A mí me han enseñado a juntarme con gente “bien”, asique el primer día de clase me senté al lado de una rubia con pinta de ser una tía con futuro, a día de hoy, me consta que tiene un buen presente, por tanto no iba yo muy desatinada en el pasado. Un año después, ya íbamos fichando a una parejita de hermanos que se sentaban delante, gente con futuro también, aunque él haya querido arrebatarme el puesto de “soy la que más sabe de periodismo el mundo”. Aunque no fue hasta 4º cuando entraron a formar parte de nuestras conversaciones en la cafetería. Un año más tarde llegaba la tía más alegre del mundo, con su título de profesora, y con toda la pinta de triunfar también en el mundo periodístico.
Eso como breve resumen de la compañía, pero me centraré en el tema enseñanza, un tema complejo en esta carrera… un tema aún por determinar…
Lo primero en cuanto al tema asignaturas, no dejarse embaucar por los nombres tan interesantes que se inventan para adornar temáticas indefinidas, innecesarias y carentes de contenido, que mantienen entretenido durante 9 meses a un señor catedrático. El hecho de que el nombre de la asignatura esté compuesta por 10 palabras viene a ser un engaño tan grande cómo cuando vamos a un restaurante “bueno” y te ponen una “crema de frutos de la huerta confitada con delicias de la tierra acompañada de masa de harina horneada al estilo rústico”… que acaba siendo un puré de verduras con un cacho pan!!
Pues eso, puro marketing, de hecho las obligatorias no tienen tanta dificultad en su nomenclatura (Historia de España. Derecho de la Información, Opinión Pública,…), porque no tienen que venderlas, es un “por cojones”, las cursas sí o sí. Luego estoy yo que las curso sí, sí, sí, sí y hasta 5 veces seguidas.
Caso aparte es el contenido. El hecho de que tengan nombre complejo o simple no es vinculante a su contenido. Es decir, que al final el profesor va a acabar enseñando lo que le salga del power point.
Un descubrimiento interesante en cuanto a asignaturas optativas fue el de Estrategias y Tácticas de Negociación (creo recordar que era así… pero no es fiable, debido a mi tendencia, que mis compañeras pueden corroborar, a inventarme los nombres de las asignaturas), con ese gran Felicísimo, un señor donde los haya, del cual hemos podido hacer un recopilatorio de frases tales como… “estamos en un viernes santo de la imaginación”, “estos guapos blanditos que ahora se llaman metrosexuales”, “las madres españolas y las hijas, que no se sabe dónde acaba la madre y dónde empieza la hija”,… entre otras (recopiladas por la señorita Beatriz Jiménez y una servidora). En fin, un grande de España este señor. Puesto muy reñido con Carlos Lozano (el hermano de la “ilustre” Lidia Lozano), un dandi que, según palabras propias “aquí yace un hombre que jamás se ha puesto chándal” y que pasó un cuatrimestre entero hablando de los Cyborg en una asignatura llamada “Sociología de la moda”.
La verdad es que al principio eliges asignaturas con nombre interesante, en un afán de parecer una persona con inquietudes, y a medida que pasan los años y te vas decepcionando cambias la táctica y pasas a elegir asignaturas cuyo nombre da pena, pero sobre las cuales te has informado anteriormente y se aprueban haciendo un trabajo.
Tema asignaturas zanjado, una mierda.
Tema organización en la facultad… Está feo contar esto cuando todavía me faltan unas poquitas para licenciarme pero… qué gusto da meterte en tu historial y ver que has aprobado asignaturas a las que ni siquiera has ido! A una “amiga” le ha pasado hasta 3 veces. De todos modos creo que esto va a ser la señora del Metanet, que como llevo tanto dinero invertido en la carrera me dan bonus canjeables por asignaturas aprobadas por la gorra. Con esto creo que lo digo todo. Pero ojo, que lo mío también me deben… que igual que me tocan coches, thermomix y asignaturas gratis, tengo la misma probabilidad de sacar la papeleta ganadora para ser vocal en la mesa de las elecciones al rectorado y pasar 24 horas metida en aquel mazacote de hormigón que nos han plantado por facultad (y del cual se oyen rumores sobre que fue premio de arquitectura o algo así…) vagando por los pasillos mientras me vienen imágenes de la película Tesis rodada allí, irme en un taxi que “me pagarían” al día siguiente… En fin, historias por las que siempre que veo al señor secretario me veo obligada a pensar: “me debes 25 euros”.
Otro aspecto importante, las actividades extraescolares… Si verse obligada a instalarse un “Quién es quién” en el móvil para poder jugar en clase porque es más productivo que escuchar a un tío hablando sobre Opinión Pública, se considera actividad extraescolar de ingenio, sí, lo he hecho. Si aburrirse mucho y ponerse a trabajar sentenciando la continuidad de mi carrera se considera inmolación extraescolar, sí… Si convalidar clases con horas de cafetería para hincharse a palmeras de chocolate y “atormentar” en grupo a otros alumnos se considera actividad extraescolar de investigación, sí, lo he hecho. Si viajar al Caribe y volver con una adicción al Primperán se considera actividad extraescolar de expansión cultural, sí, he estado apuntada también. Y un largo etcétera.
En fin, que, resumiendo… un carrerón… Esto deberían avisarlo con 18 años, que todavía está uno en la flor de la vida. Y es que dicen que lo que bien empieza, bien acaba (o como dice ahora El Corte Inglés, “mejor acaba”), pero hay un problema, que yo empecé con un 0,5 en mi primera examen. Asique este año voy a desafiar a los dichos populares y, tras 8 años pagando el cole a los hijos del rector, acabo con este sufrimiento sí o sí. Me he ido de viaje de fin de carrera, tengo una orla de la promoción 2004-2009 en la que aparezco, he celebrado mi graduación y hasta Marta Robles(adjunto documento gráfico) me puso una banda donde decía que era periodista… Asique llamarme conformista pero yo entré con la idea de currar en la tele, luego las revistas de coches, luego hasta me matriculé en Información Deportiva (donde aprendí que existe un tal Pecu…), y a día de hoy sólo pido… terminar!

viernes, 22 de julio de 2011

Cerramos por vacaciones

Por fin, llegó el clásico de estas fechas. No me refiero al posado de Ana Obregón enseñando el esqueleto (literal, se pone un poco de carne por encima, el bikini, y a posar), ni a la foto de la Familia Real en Marivent continuando, digo, disfrutando, sus vacaciones,… Nada de eso, me refiero a la llamada típica que mi madre recibe todos los años desde hace 5 que trabajo, y que nada mas descolgar el teléfono le anuncian que “estoy de vacaciooneess!!”.

Parece mentira que, tras 5 años, siga manteniendo esa ilusión por 20 días que, comparados a los otros 335 que tiene el año (no, no me he equivocado, 20 días de verano más 10 de invierno…), son una miseria! Y lo peor de todo: que se acaban. Ahí es cuando te acuerdas de esas palabras que hace dos meses te servían de consuelo… “todo pasa”. Pasa lo malo, y lo bueno…

Menudo timo esto de las vacaciones! Te pasas el año esperándolas, un año que se hace eterno, y justo cuando llegan le meten el “forward” (sí, aquello de los casette del rewind y el forward) a nuestra vida y cuando le quieren dar de nuevo al “play” nos encontramos con que te quedan tres días de vacaciones, los cuales dedicas a atormentarte sobre la vuelta al trabajo, por tanto, vacaciones no disfrutadas… ni retribuidas, porque total, los que estamos acostumbrados a estar encerrados todo tipo de días al año, es sacarnos del habitáculo y ponerse a gastar. Asique no nos sale rentable faltar al trabajo. Como diría mi abuela: “para qué vais a ir por ahí a gastar? Quedaros en casa que yo os hago unas tortillas y cenamos aquí”, pues nada, para estos tiempos de crisis podríamos cambiarle el discurso y que diga: “para qué os vais a la playa? Quedaros aquí que yo os echo arena en el balcón y saco el barreño para que os bañéis”.

En fin, retomando el tema, por qué hay un consenso no oficial acerca de las fechas en las que irse de vacaciones? Por mucho que nos dejemos unos días para invierno… todos consideramos vacaciones-vacaciones (si lo dices dos veces adquiere mayor significado, igual que cuando yo sigo que voy a mi casa, pero a mi casa-casa, que eso significa Plasencia), pues eso, que consideramos vacaciones-vacaciones, VACACIONES, las buenas, las de verano. Lo de invierno es un respiro para no acabar matando a nadie a causa del estrés, pero básicamente sirve para desfogar un poquito y hallarte sumido en una depresión a 7 días de haberlas empezado, porque sólo te quedan 3 para volver… Caso aparte son los funcionarios, que como tienen mucho estrés tienen que aumentar proporcionalmente sus días de descanso (un saludo desde aquí a mi hermana, que ella sabe que no es una funcionaria en toda regla y eso se valora). Así llega agosto y atrévete a hacer algún tipo de papeleo, que parece que, en esta ocasión, le han dado directamente al “pause” y ya si eso vuelves en septiembre. Estoy yo pensando… será por eso que en agosto no examinan para el carnet de conducir?? Porque están las ciudades más muertas que un panteón y sería dar muchas facilidades al alumno?? Bueno, eso es otro tema de estudio.

Sin duda alguna, las mejores vacaciones son las del cole. Cuando llegaba ese mes de junio, te daban los PA y NM correspondientes, y te olvidabas hasta bien entrado septiembre. Con los años, directamente te olvidabas cuando para celebrar el fin de curso te ibas de cañas a la plazuela de la Menphis. Y un poco más entrados los años pierdes la cordura, y como en un glorioso segundo de carrera apruebas todo en mayo y hasta octubre no empiezan las clases, decides que 4 meses de vacaciones son suficientemente largos como para aburrirte y sentenciar tu futuro metiéndote a trabajar. Entonces, como lo de los hijos (aunque variando los tiempos), por 4 meses de placer, a día de hoy estoy pagando el pato de un 8º curso de periodismo… Y lo de pagar no es un decir, porque patos no pago, pero asignaturas de tercera matrícula que se creen haber salido de una ingeniería, las que quieras.

Y ahora viene otra que es fina también, lo de las vestimentas (Lucía, ahora sabrás por qué me reía esta tarde)… La cantidad de ropa de baño, camisetas, vestidos, etc. típicos de playa, que al comprarlos decimos: “esto no me lo pongo yo en Madrid, pero para cuando vaya a la playa…”, cantidad totalmente descompensada con los días que realmente vamos a la playa. Y cantidad descompensada también con la ropa que, dentro de esos pocos días que vamos, usamos. Porque al final, con la escusa de que “aquí nadie nos conoce” te plantas el moño, las chanclas, y todo el día en bragas… (esto sí es un decir… que tras confesar que de pequeña era una exhibicionista, esto puede dar lugar a dudas). Asique, de entre los 20 vestiditos que te llevas “por si acaso”, las 50 camisetas, 5 pares de chanclas para, en un afán de ser fashion, combinarlos con los bikinis, y un largo etcétera, el elemento estrella de la maleta es el coletero. Y si no que me lo digan a mi, que cada vez que veo las 1000 fotos de Riviera Maya me abochorno al ver que en la mitad salgo con un moño choni de los de “aquí no nos conoce nadie”.

Y el tema “destino”?? Otra víctima de los contratos sociales… Hay que irse a algún lado, ya no vale con ausentarse del puesto de trabajo sino que, además, tienes que abandonar la ciudad. Y a ver quién se atreve a decir que no va a ningún sitio, que pierde categoría… Vamos, que hay quien se va de cara a la galería. Lo que me recuerda a una historia que no sé quién me la contó y ni siquiera sé si era sobre unos vecinos o ellos mismos (si las fuentes de esta historia me están leyendo, lo siento, no sé quién eres, pero me viene muy bien para rellenar entrada). El caso, que alguien me contaba una vez que unos vecinos se encerraban en casa y no daban señales de vida en una semana, para hacer creer a los demás que se habían ido de vacaciones. Desde aquí un llamamiento a esas personas para decirles que: 1) el color se coge con las persianas subidas, que entre la luz; 2) o tienes una despensa muy grande o los vecinos creerán que has estado en supervivientes; 3) a “la vuelta” de las vacaciones, solicitar el ingreso en la López Ibor con carácter urgente.

Pero bueno, por verle algo bueno a esto de las vacaciones (a ver si lo van a leer mis jefes y me las van a quitar ante tanta queja), he de decir yo, por suerte, las vacaciones que he tenido hasta ahora, han sido muy buenas, variadas, conociendo sitios, y que tengo una casa-casa a la que huir para abandonar Madrid y no tener que encerrarme en plan fotofóbica bañándome en un barreño en el balcón.

Destinos vacacionales que han podido disfrutar de mi presencia que van desde las playas del sur y este del país cuando era pequeña (sí, cuando paseaba mis joyas en la bolsa del Spar), la preciosísima Ribadesella y alrededores, Lanzarote y su particular “costa de la muerte”, Huelva y sus comercios cerrados, Ibiza (en la cual nos están esperando los “dolpin” y el pobre osito de las toallas), Granada y sus calles perrofláuticas que tanto me gustaron, Ámsterdam y su Abraxas (donde creo que también no están esperando…),… Destinos a los cuales este año añado Alicante y Croacia (porque no me podía permitir recular… ;D ), y por supuesto… mi CASA-CASA.
Cuelgo así el cartel “Cerrado por vacaciones”, le doy al forward, y a la vuelta nos leemos, que seguro que traigo historias nuevas. Hasta entonces, como me dijo esta semana una persona… a ser buenos.

miércoles, 6 de julio de 2011

La Chica

Y muy en contra de mis vaticinios sobre mi fin del mundo, todo pasa. Pasó la primavera y llegó el verano… Y con él, el calor, los mosquitos, las rebajas y los recuerdos. Recuerdos de cuando una servidora era joven e inocente… vamos, cuando era chiquitita. No asustarse, no voy a entrar en topicazos parecidos a los de la canción “Acuérdate” de El Canto del Loco, de hecho, yo era una tía peculiar como para poder encasillarme en tópicos. Por tanto, tras echarme unas risas ayer con mi madre acordándome de cosas, he decidido dedicarme a mí misma esta entrada del blog.

En realidad, y a todo esto vino la conversación con mi madre, no me acuerdo de casi nada de cuando era pequeña… pero con su ayudar y leves imágenes que me vienen a la cabeza, he sido capaz de reconstruir las situaciones.

No me acuerdo de mucho, pero si hay algo que tengo grabado en la memoria, y que me limita bastante a la hora de reñir a los niños cuando hacen alguna cosa, es la bronca (o lo que yo creo recordar como bronca) que me echó el camarero de una terraza en Sevilla por levantar la pestaña de una sombrilla y hacer que ésta se cerrase. Por aquellas fechas, iba yo con mi bolsa del Spar (literal) llena de pulseras y pendientes de plástico, que no dudaba en sacar a la mínima parada que se hacía en el camino. Mis padres no ganaban para comprarme todos los bolsitos habidos y por haber  para poder transportar mis “joyas”, pero yo era una niña sencilla, y por muchas pulseras que tuviese, no saltaba la bolsa de plástico ni muerta. Y eso que por aquellos entonces no se cobraban a 5 céntimos como ahora, que si no…

Otro hobby que tenía era andar en pelotas por todos lados… no hay foto de la playa en la que salga vestida, el rastrillo y la pala (probablemente transportado hasta allí en bolsa del Spar…) eran mi único atrezzo… y autoenterrarme en los hoyos que cavaba… así llegaba luego a casa, que me sacaban arena hasta de los ojos. Lo de ser la pionera del destape en la playa es medio lógico, pero avergonzar a la familia saliendo al balcón de casa desnuda era otra historia…

Hablando de familia… típicos eran también mis destrozos sobre las construcciones que mi hermana y mi tía cuidadosamente montaban a lo largo del pasillo. Horas sacando todos los juguetes de los cubos y la caja de Colón (adjunto documento gráfico) para crear mini ciudades (cuando todavía no había especulación con los terrenos), más horas de creación que de juego, ya que, en cuanto soltaban a la fiera, se oía: “mamáaa, coge a Celia, que nos estropea todo!!!”, y cual “Cariño, he agrandado al niño” los Pin y Pon veían llegar gateando a una niña regordeta y con cara de malvada. Era lo último que veían hasta recobrar el conocimiento, cuando entonces volvían a estar metidos en el cubo con un coche a propulsión ,de esos que venían con los Kinder, encima de sus ahuecados peinados. No obstante, mi tía y mi hermana no me odiaban porque también les servía de conejillo de indias para disfrazarme de todo tipo de cosas, maquillarme y “explotarme” sin descansar hasta que no me saliese el paso de un baile de Tina Turner en el que era cogida de los brazos por dos bailarines a sus lados. Suena cruel, pero era hasta divertido… además, a mi hermana le permito yo lo que haga falta tras saber que no me llamo Leonor gracias a ella. Aunque el uso que se le da a mi nombre en casa es básicamente nulo… debido a ser extremeña y ser la menor de las hermanas, pasé a ser “la chica” (chica en el sentido de la pequeña, aclaración para el público externo a la comunidad…).



A pesar de destruir ciudades, no era tan mala con todo el mundo… estaba mi osito Teddy, al cual quería con locura, hasta que se suicidó… en realidad hicieron que pareciese un suicidio, pero yo vi cómo mi padre lo arrojaba al vacío… luego regresó, pero nunca volvería a ser el mismo. Menos mal que no era mi principal ayuda para dormirme, sino que me bastaba con tocarle la oreja a alguien y me hacía el mismo efecto que llegar al minuto 8 de una sesión de Café del Mar.

Por último, el recuerdo que más trastorno me ha causado y por el cual estoy pagando aún las consecuencias (incluso más traumático que la regañina del camarero sevillano), es el de cuando me regalaron el casette con micrófono… en qué momento se les ocurrió a mis padres despertarme el espíritu periodístico-televisivo…?? La verdad es que si me llegan a pillar los del Tomate perseguir a la familia como si fuesen la Pantoja, me hubiesen fichado y me hubiese ahorrado los años de carrera…

Pero bueno, como digo mucho últimamente, todo pasa, y por mucho que en aquella época mi mayor problema fuese que un camarero andaluz me había reñido, cada cosa a su tiempo, tampoco vamos a renegar de lo bien que se vive de mayor. Cambiemos mis pulseras de plástico por una colección más selecta, mi bolsa del Spar por mi monedero de Carolina Herrera, el “mamá! Coge a Celia…!” por “Chica! Cuándo vienes??”, a Teddy y la oreja por… por una cama muy grande para mí solita, y el micrófono esperemos cambiarlo en un futuro por uno de verdad.

martes, 28 de junio de 2011

La involución a la hora de adquirir un aparato nuevo

Aviso a todos los vendedores de telefonía móvil: han perdido la visita diaria de las 15:30 de una servidora. Ya tengo móvil.
Todo comenzó cuando, hace algo menos de un mes, alguien me mandaba un sms para comunicarme algo bueno: Vodafone, que me regalaban 150 euros para cambiar de teléfono (no s´ha jodido… se han acojonado, se me acaba la permanencia y estoy pagando la matrícula del colegio trilingüe de uno de los directivos con mi factura de cada mes). Asique, en un alarde de tener un aliciente en la vida pensé: “me voy a comprar un móvil…”
Yo cuando hago algo, lo hago bien. Asique investigué, y mis fuentes me remitieron al Samsung Galaxy S II, uno de estos fashion que se llevan ahora. Pues manos a la obra, comienzo visitando la Electrotienda (cada vez que oigo esto me vienen a la mente los electro duendes) de El Corte Inglés en Preciados, Callao, The Phone House de Preciados, The Phone House de Preciados de un poquito más arriba, tienda Vodafone de Sol,… y en todos lados me decían: “pásate la semana que viene, que todavía no lo tenemos”. Cualquiera, ante la unanimidad de respuestas, se hubiese ido a tomar un café en lugar de vagar por Sol cual indignada típica de la zona. Pero yo no, yo soy diferente… Yo donde pongo el ojo… El caso, que tras visitar 6 establecimientos me da por pensar y digo: “Coño, qué haría una tía mona y simpática como yo??” y me fui a Sephora a comprar un pintauñas color frambuesa precioso a juego con un vestido que tenía… Uys, a lo que iba, que no me di por vencida y me planté en The Phone House en Carretas y, con mi mejor sonrisa y mi traje de cucaracha, espeté un amable “hola” nada más entrar. Hay que ver el poder que tienen estos dos detallitos a la hora de que te atiendan con amabilidad. Fue pasar por alto la respuesta de los 6 anteriores y preguntar como si fuese nueva si tenían este teléfono y en menos de 2 segundos me dijeron: “te lo pedimos”. Joder, hablando se entiende la gente… Y quedamos en que esa semana o la siguiente me avisarían.
Pasaron los días desde que oí esa promesa, y como no obtenía resultados decidí seguir atormentando a los vendedores con mi presencia y durante dos semanas he estado comprobando los diferentes turnos de los empleados para entrar a preguntar sin quedar de pesada (ya dirían: “mira, la loca del Galaxy”). El prometedor de Carretas quedó en evidencia tras confirmarme que no lo podían conseguir, porque no estaba disponible para canje de puntos…
Pero todo esto ha acabado… por fin he conseguido mi móvil (pareceré una friki, pero era ya un asunto personal, era un: “por mis cojones que lo consigo”, sí, muy femenina yo…).
Lo conseguí… pero aquí no acaba todo.
Primero, me llama la atención el cambio de discurso de los vendedores de móviles. Hace años te decían: “recuerda que tienes que dejar que se descargue del todo y luego hacer una carga completa”. Ahora, y es verídico, porque se lo he oído a varios, te dicen: “procura no ducharte con el móvil” ¿? Al principio pensé que era absurdaza advertencia, pero al escuchar la explicación me iban cuadrando las cosas. Al parecer, ahora cuando envías un aparato al servicio técnico detectan si se ha mojado, y entonces no te lo arreglan. Entonces, recordé cierta ocasión en que se me cayó un teléfono a un vaso de leche y a los 3 días dejó de funcionar. Lo llevé a arreglar y me dijeron: “te duchas con él?, es que está la placa de dentro mojada, y puede ser de la humedad”. Vamos, que a la gente te le caen muy a menudo los teléfonos al vaso de leche.
Volviendo al tema, sacarlo de esa caja que parece de colonia cara, sentir que tienes un dispositivo de la ostia entre las manos (el móvil, digo) y que ya te está dando problemas… no sabes abrir la tapa de la batería. Qué frustración, que te tengan por una tía lista y parezcas un ratoncillo de estos con los que experimentan intentando sacar un trozo de comida de dentro de una caja, en resumen, frustrada.
Por fin, un alma caritativa me ayuda a efectuar la apertura. Y en ese momento siendo una mezcla de sensaciones y edades… como un niño con zapatos nuevos y como mi abuela cuando le compraron el teléfono, sin enterarme de nada.
(A pesar de no enterarse de nada, un consejo, no comprarse nada en la hora de la comida y tener que irse luego a trabajar otra vez, porque te pasas toda la tarde entrando a mirarlo como si tuvieses un bebé en su cunita dentro del almacén… de hecho, un bebé en su cunita no hubiese atraído ni la cuarta parte de mi atención…)
Otro aspecto destacable es el tema protección del dispositivo… Yo no soy muy conocida precisamente por mi habilidad a la hora de sostener nada en las manos (ni en los pies, véase por qué mi blog se llama como se llama). Tengo que comprar un protector de pantalla, pero hasta entonces tengo pegado el que venía, con dibujitos y todo, y tras ellos consigo descifrar lo que pone en la pantalla. Como esto no es muy útil he barajado la posibilidad de envolverlo con papel transparente con el que se envuelven los bocadillos. Espero no llegar a eso.
Tema aclimatación a la escritura… Dónde están las tildes y… donde “cono” está la Ñ?? Gracias a las colaboraciones, el que busca, halla. Estoy convencida de que mucha gente no escribe mal porque no sepa hacerlo bien, sino porque siguen sin saber que pulsando un rato una letra le salen las opciones anteriores.
Finalmente, cuando crees que tienes medio dominado el asunto, te vas a dormir, pones la alar… intentas poner la alarma, entendidos en la materia te instruyen sobre los fallos de Android a la hora del encendido del despertador, y acabas quitándome las pilas a una lámpara para ponérselas al despertador de Hello Kitty.
Muy fashion, muy moderna, muy todo pero… donde esté el One Touch Easy… Bueno, al menos habrá que sacar algo bueno, y es que a través de mi nuevo móvil también puedo ver mi blog.

jueves, 16 de junio de 2011

De cómo titulé mi blog y comencé mi serie de catastróficas desdichas

Hoy, tras ver cómo un pelanas precipitaba sus gafas hacia la vía del metro y llamaba a los señores trabajadores de Metro para que viniesen con una especie de pata de pollo extensible a recogérselas, he pensando: “pssch… cobarde…” y ha venido a mi mente la explicación del nombre de mi blog… acompañada de un: “si es q esto sólo me puede pasar a mí…” Por tanto, paso a narrar la primera de una larga lista de historias que llevo lanzando en forma de tweet desde hace varios días bajo el hashtag #cosasquesololepasanaCelita.

Noviembre de 2008, la aquí presente Celita abandonaba su lugar de trabajo en una noche lluviosa (agravante del hecho posterior). Bajé a las taquillas, me puse mis vaqueros, mis manoletinas, mi abrigo y me dirigí al metro. Por aquel entonces salía yo sin mucha prisa, en mi mundo, porque no tenía otra cosa que hacer. Me metí en Sol, como siempre, bajé al andén de la 1 dirección Congosto, me senté a esperar… y llegó el maldito tren… Me acerqué a la puerta, elevé la manilla para abrir y nada, caso omiso. Repetí la operación, y obtuve el mismo resultado… Fue entonces cuando por mi mente, en cuestión de segundos, pasó la de idea de hacer algo que en 5 años que llevaba en Madrid jamás se me había ocurrido poner en práctica… la patadita a la puerta. Mierda! En ese momento sentí cómo mi manoletina blanca de Blanco (sin redundar) se desprendía de mi pie, precipitándose al vacío por el famoso hueco que la señorita del metro nos advierte en cada parada “… entre coche y andén”. La pérdida no había sido en vano, la puerta se abrió y yo, esquivando toda reacción lógica que se os pueda ocurrir, me subí al metro a la vez que exclama: “Aivá!”. Las risas que se echaron las colegas de al lado no se las han echado en su vida. En fin, que me subí, me planté el abrigo encima del pie y “pa´las casas”. En ciertas versiones de la historia, he podido contar que llevaba unos zapatos en la bolsa porque venía de trabajar… mentira! Me fui a casa como la Cenicienta (como dice "la gitana", cualquier día descongelo a Walt Disney), descalza, con las dos hermanastras (véase hermanastras como las dos que tanto reían a mi lado) descojonándose de mí y, la única diferencia, que me estaban arreglando la carroza y viajaba en metro.
Qué 10 paradas más largas…
Al llegar a mi destino, me las ingenié para salir con mi abrigo encima del pie, sentarme en un banco, esperar a que todo el mundo pasara, me puse la peineta y empezar a subir las escaleritas con mi pobre pie descalzo. Cuando salí a la calle, se hizo realidad en mí ese grupo de Facebook que dice algo como: “estar tan mojado que te da igual caminar bajo la lluvia”.
Tras contar cualquiera de mis versiones a la gente, la respuesta era siempre la misma: “haber llamado por el interfono y que viniese con el gancho a cogértelo”. Vamos a ver:
1) Me daba más vergüenza llamar que irme a casa descalza.
2) El precio del zapato era directamente proporcional a las ganas de esperar al de la pata de pollo extensible (si se me llega a caer un Manolo, otro gallo habría cantado).
3) Y ese rato tan agradable que hice pasar a los viajeros…?.
Nada, mi decisión fue la correcta, porque sin ella no llevaríamos 3 años de cachondeo con el tema, no sería famosa en el vagón, y no se me habría ocurrido nombre para el blog.